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Distingamos entre dependencia y adicción

 

¿Por qué sucede que una persona que es adicta al cigarro, cuando se pone un parche de nicotina, aun así tiene la necesidad de fumar?

Continuando con este análisis sobre la adicción, el consumo y la guerra contra las drogas, platicábamos la semana pasada que el 17.7% de las personas que usaban parche en Estados Unidos en los años 90 dejaba de fumar, pero el restante 82.3% tenía la necesidad de continuar haciéndolo.

Un 17.7% no es una cantidad insignificante, en realidad constituye un numero elevado de personas que han mejorado su vida dejando de fumar. Sería muy tonto y equivocado decir que la droga no tiene ningún efecto. Pero sería igualmente muy tonto repetir aquello que venimos repitiendo desde hace 100 años: que las sustancias químicas mismas son la causa principal de la adicción de las drogas, porque esta afirmación no corresponde con las pruebas disponibles. Este es uno de los aspectos menos resaltados en lo que al tabaco se refiere, pese a tratarse de la droga más fuerte y que más muertes ocasiona en nuestra cultura. Las sustancias químicas presentes en ella sólo explican el 17.7% de la compulsión a consumirla, el resto sólo puede ser explicado por los factores que se han descubierto a lo largo de los años.

Para entender la lógica de estos datos, muchos científicos han dicho que la dependencia física y adictiva tiene que ver con algo más que con una dependencia física, como a la cafeína. Las adicciones son algo distinto; es un estado psicofisiológico caracterizado por el impuso irreprimible de consumir una droga para aumentar la sensación de calma, de excitación, de adormecimiento o de lo que quiera que nos provoque la droga en cuestión.

El sufrimiento que nos provoca la abstinencia, por ejemplo a los que tomamos café y no lo tomamos en un día, puede desaparecer en dos días si dejamos de beberlo y nos acostumbramos; pero dentro de dos semanas es posible que se vuelva a sentir la urgente necesidad de volver a tener la mente centrada en un café, y entonces nos convenzamos a nosotros mismos de que no podemos seguir sin cafeína. En ese caso, no hay dependencia ni enganche químico, es sencillamente una adicción.

Como podrán observar, es una diferencia crucial. Pues bien, resulta que lo que vale para la adicción a una sustancia suave y bastante inocua como la cafeína, vale igualmente para el caso de una droga tan fuerte como las metanfetaminas; y por eso vemos adictos que se pasan semanas sufriendo el síndrome de abstinencia mientras se van desenganchando de las sustancias químicas, pero que algunos meses o años después experimentan una recaída, a pesar de que el enganche químico ha desaparecido de su cuerpo hace tiempo. Ya no sufren la dependencia física, pero sí que son adictos.

En nuestra cultura, durante los últimos 100 años nos hemos convencido de que una parte de la adicción, que desde luego existe, pero que es bastante menor de lo que es la dependencia física, constituye en realidad el cuadro entero. Es como si siguiéramos aplicando la física newtoniana en la era de la física cuántica. Las leyes de Newton son muy valiosas, sin lugar a dudas, tienen en cuenta infinidad de variables; pero justamente no van a lo más importante, Pensemos cómo podemos ayudarnos entre nosotros mismos.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com 


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