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La benedicencia atrae hacia ti a los demás

 

Hablar bien de los demás

Hablar bien nos abre a los otros; la benedicencia ensancha el corazón. La persona que la practica acoge a los otros, no desperdicia a nadie, tiene amor para cada uno.

Hola, queridos amigos de Yo Influyo, soy Alejandra Diener, y seguimos hablando sobre la benedicencia.

“Hablar bien, vivir mejor”, de Adolfo Güemes Suárez. Ésta es una parte bien importante. El secreto de hablar bien nos abre a los otros. Es sencillo, porque nos permite ver a los otros con los ojos de Cristo; por eso, la benedicencia es una virtud propia del cristiano. Para el que ama a los demás en Jesucristo, todos los hombres son objeto de su amor, son almas que el mismo Cristo ha salvado con su cuerpo y su sangre.

¿Se imaginan ustedes cómo Cristo nos vería a pesar de haber cometido errores, a pesar de que tengamos algo que nos puedan criticar? Yo creo que nos vería con ojos de amor. Sólo de un corazón que ama a Dios puede brotar la bondad del pensamiento, la suavidad del juicio, la correcta opinión sobre los demás, la cordialidad, etc. Si tú criticas, te envenenas el alma, pierdes la paz y te cierras a los demás. Por eso, hablar bien nos abre a los otros.

Hablar bien también nos va a atraer a los demás, vamos a tener más amigos, vamos a ser más amables, vamos a tener mucho más éxito con la gente en el sentido positivo, la gente va a querer estar a nuestro alrededor. Hablar bien atrae a los demás. El que habla bien de los demás, brilla, alumbra, acoge y es recibido con agrado por cualquiera. Dar con él siempre enriquece, nos hace mejores personas, nos infunde alegría. La gente anhela estar con alguien que habla bien. Por el contrario, quien se caracteriza por hablar mal, siempre deja vacío y tristeza.

Si bien al inicio las críticas parecen sabrosas, se vuelve como un vicio; pronto nos damos cuenta de que lo único que logran es vaciarnos lentamente, nos quitan literalmente la paz. Es importante tratar de hablar bien de los demás, y si no tienes nada bueno qué decir, mejor calla un poquito.

La próxima vez hablaremos de cómo la benedicencia nos hace crecer.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com

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