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La concentración es una actitud que debe aprenderse

 

La concentración, una actitud que debe aprenderse

Mamá, estoy aburrida; ¿qué hago? Es algo que una de mis hijas comúnmente me dice, y yo le respondo: aburrirse no es malo.

¿Cómo están, queridos amigo de Yo Influyo? Hoy les voy a hablar un poco sobre la concentración, y esto va relacionado con el aburrimiento. ¿Por qué? Porque muchas veces para concentrarse debe uno estar en un lugar en silencio, pero cuando estamos en silencio es cuando nos aburrimos, y cuando son niños se aburren más.

Resulta que la concentración es el tiempo dedicado a estar concentrados en algo específico. Cultivar el mundo interior: ése es el cimiento del éxito.

Cuando una persona aprende a concentrarse, es el acto de atender o reflexionar profundamente sobre algo, abstrayéndose o ensimismándose en lo que sea o pudiera ser importante para la persona.

Para poder concentrase y mantenerse concentrado durante el tiempo que haga falta y en el objetivo propuesto, es necesario tener muchísima disciplina y entrenamiento. Para eso, nosotros, como adultos, debemos de tener esos dones o esa práctica. Si no la tenemos, hay que aquilatarla. ¿Para qué? Para que nosotros la podamos transmitir a nuestros hijos.

Es una actitud que se necesita aprender, sobre todo en esta época que hay tantas cosas que nos pueden distraer de nuestro objetivo de concentración: todos los gadgets o todos los dispositivos móviles: celulares, tabletas, la televisión, el radio, la música, las fiestas, todo, aunado a que nos tenemos que concentrar, nos hace más difícil esta situación.

Hay concentraciones que escogemos, hay concentraciones necesarias, apreciadas e incluso amadas, como la oración. Los niños no saben orar porque no tenemos tiempo para enseñarles a orar; es más, hasta los mismo adultos ya no oran, porque no tienen tiempo.

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Una buena idea sería aceptar que no existe ni el lugar, ni el horario, ni la forma, ni el tiempo, ni el tema perfecto; tampoco aunque haya que buscarlo para que la concentración funcione lo mejor posible.

Dos, sería admitir que hay distracciones que no se pueden o son difíciles de controlar sin un gran esfuerzo mental; aprender a manejar la soledad y el silencio, por si fuera necesario; concentrarse en cada tema, intentando contestar qué, cómo, cuándo, dónde, por qué, etc.

Reflexionar, si fuera posible, en una sola cosa a la vez.

Aburrirse, saber que aburrirse no es malo, que eso nos puede ayudar a concentrarnos mejor. Controlar el tiempo dedicado a concentrarse, para evitar que sea una disciplina ante la necesidad de enfrentarse a las situaciones. Crear un ambiente que elimine al máximo las distracciones. Estar descansado, en un lugar cómodo con luz. Haber comido, tomado agua y estar en un momento de reflexión, pero sobre todo de concentración, en donde implica la voluntad; y para ello, nosotros, adultos, debemos tener la voluntad bien cimentada y a los hijos hacer que trabajen en ella, para que cuando crezcan sean personas libres y por lo tanto felices, que sepan cómo concentrarse.

mm@yoinfluyo.com


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