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¡¡Vamos a echarle ganas!! Misión: Familia

Si algunos frutos debemos recoger de la visita del Papa Francisco es la  invitación que nos hizo a todos de “echarle ganas” a la vida, a construir una vida que tenga sabor a hogar y a familia.


Familia


La pregunta es ¿cómo hacerlo? Si bien la respuesta no es sencilla, por las diversas circunstancias que rodean a cada persona, podría comenzarse por lo más elemental: comunicarse. El acelerado ritmo de nuestras vidas nos impide a veces a darnos unos minutos, un espacio especial para hacer uso de dos verbos indispensables en la familia: dialogar y escuchar.

¿Cuántas veces creemos que por vivir en la misma casa sabemos todo de sus habitantes? ¿Lo sabemos en realidad? ¿Conocemos sus sueños? ¿Sabemos de sus frustraciones? ¿Compartimos sus alegrías?

Si de suyo es importante el diálogo en las relaciones interpersonales, lo es aún más la comunicación en la familia, la cual está guiada por los sentimientos y por la información que transmitimos y comprendemos. Cuando nos comunicamos dentro de la familia, estamos listos para expresar y comprender lo que pensamos, estamos listos para transmitir nuestros sentimientos, comunicar algún pensamiento, idea, experiencia o información con el otro, y para unirnos o vincularnos a través del afecto y de la empatía.

La familia es la primera escuela donde aprendemos cómo comunicarnos. La forma como aprendemos a comunicarnos en nuestra familia de origen determinará cómo nos comunicamos con los demás.

Es un hecho que todos y cada uno de los miembros de una familia poseen necesidades y expectativas de los otros respecto a la satisfacción de dichas necesidades. Ante esto, uno de los problemas más comunes de las familias radica en pensar que "el otro es capaz de adivinar lo que yo necesito y debe ser capaz de adivinar qué hacer para ayudarme a satisfacer esta necesidad". Y cuando esto no es así, vienen los problemas y malos entendidos.

Es fundamental que las familias sean capaces de aprender a lograr que sus miembros expresen sus necesidades, emociones y expectativas respecto a los otros, sin temor a la negación y descalificación por parte de los otros. Al explicitar dichos elementos, se establecerán relaciones más claras y eficientes. Es importante no caer en el mito de la capacidad de "advinación" que pueden tener los otros miembros de la familia, y trabajar para que todos expresen sus emociones y necesidades a tiempo, evitando la acumulación de rabias y resolviendo los nudos de convivencia diaria.

En este proceso es conveniente trabajar para que cada uno se responsabilice por sus emociones y necesidades ("yo siento esta emoción", en vez de decir "ustedes me hacen sentir esto"), evitando involucrar a los demás en las opciones que cada uno hace.

Este tipo de aclaraciones permite crear un clima de confianza y aceptación que facilita la expresión de afectos y el logro de soluciones comunes.

Ciertamente crear un clima de comunicación en la familia, no es una tarea tan fácil. Hay que ayudar a los hijos haciendo “tarea de campo” sobre la marcha, en el momento, con consejos educativos y, sobre todo, con el ejemplo, para crear el clima adecuado que facilite esa comunicación.

Cuando existe la comunicación en una familia, seguramente se puede afirmar que existe un compañerismo, una complicidad, y un ambiente de unión y afecto en el hogar. Pero, sobre todo y lo más importante, es que hay un respeto mutuo y unos valores bien asentados que enraizan con el origen de unas buenas relaciones.

Así que vamos echándole ganas…

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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