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No es lo mismo nulidad que anulación del matrimonio

Desde que salieran a la luz las dos cartas, tituladas "Mitis Iudex Dominus Iesus" y "Mitis et misericors Iesus", del Papa Francisco sobre la reforma del proceso canónico para las causas de declaración de nulidad de matrimonio, la ligereza con que muchos medios de comunicación trataron el tema y siguen tratando, han llevado a un error de interpretación a muchas personas, pese a que el mismo Francisco, desde el principio, hizo la aclaración: “He decidido dar con este ‘motu proprio’ disposiciones con las cuales se favorezca, no la nulidad de los matrimonios, sino la celeridad de los procesos”.


Sínodo de la Familia


Las malas interpretaciones se dan  al creer que, ahora sí,  la Iglesia católica  puede “anular matrimonios” fácil, rápido y gratis. Nada más falso, la Iglesia ni divorcia ni anula matrimonios. La anulación matrimonial nunca ha existido en la Iglesia y nunca existirá, la Iglesia no tiene la facultad para ello porque  “Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre Mc 10,2-16.” Es un error terminológico decir que la Iglesia anula matrimonios. Los tribunales de la Iglesia solo se limitan, si es el caso, a constatar que  la unión matrimonial nunca existió.

En el caso contrario, cuando se comprueba que el vínculo matrimonial es válido, ni el mismo Papa puede dispensarlo, como aconteció cuando el Rey Enrique VIII quiso repudiar a su esposa legítima, Catalina de Aragón, para casarse con Ana Bolena. A pesar de la amenaza de separar a toda Inglaterra de la unión con Roma, el Papa Clemente VII sostuvo la validez de su matrimonio. Así nació la Iglesia Anglicana.

En la mayoría de los casos, quienes acuden a los Tribunales Eclesiásticos en busca de la nulidad matrimonial, lo hacen con el fin de volverse a casar; y también, la mayoría de las veces, porque su vida conyugal está llena de dificultades y tropiezos que consideran insalvables. En ambos casos, lo que al Tribunal le interesa es lo que ocurrió en el momento de la celebración del matrimonio, no su historia de vida posterior a éste. Pues es en ese momento que el juez eclesiástico intentará establecer si verdaderamente se celebró el matrimonio, o por el contrario, se interpuso alguna dificultad objetiva que hizo que el consentimiento emitido no fuera válido. Las causas de nulidad matrimonial son, brevemente, la existencia de un impedimento, el defecto de forma válida o el vicio de consentimiento.

Cuando el tribunal declara la imposibilidad de reconocer la nulidad, no obliga a los cónyuges a vivir juntos de por vida, ya que, si bien es verdad que por su carácter sacramental el matrimonio católico es indisoluble, tampoco es una cadena perpetua para quienes han fracasado en él, pues existen otras soluciones, como la posibilidad de una sana separación, cuyas circunstancias las justifican. El Derecho Canónico vigente, en el número 1153 dice: “Si uno de los cónyuges pone en grave peligro espiritual o corporal al otro o a la prole –los hijos–, o de otro modo hace demasiado dura la vida en común, proporciona al otro un motivo legítimo para separarse”. Pero el vínculo matrimonial continuará hasta que la muerte los separe. No hay de otra.

Esto es algo difícil de entender y más aún de acatar. Pero si logramos confiar en el hecho de que en cada matrimonio, es Dios el que une al esposo con la esposa; por tanto, también es Él quien garantiza la continuidad de esta unión, siempre y cuando nosotros estemos dispuestos a ser fieles y colaboremos con Él. Desde luego que dificultades va a haber, tal vez hasta caídas. Pero lo importante es no cejar en el intento y seguir luchando, continuar fortaleciendo el amor conyugal, que esta es obra de 3 personas: el esposo, la esposa y Dios. 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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