¿No que primero los pobres?

Él no va a cambiar, por más que sus asesores traten de suavizar sus posturas en materia económica y social.


AMLO y los pobres


Mi primer encuentro con Andrés Manuel López Obrador se produjo de manera necesaria en el año 2000 por haber sido electo él, Jefe de Gobierno del D. F. y yo diputado a la ALDF por el PAN y, para su desgracia, Presidente de la Comisión de Hacienda de dicho órgano legislativo.

Muy pronto fui conociendo al que hoy es candidato a la presidencia de México por su partido Morena. A principios de diciembre de cada año se acostumbraba discutir, en las Comisiones Unidas de Hacienda y Presupuesto y Cuenta Pública, el destino que debían seguir los dineros de la ciudad, previas iniciativas del ejecutivo local. Debo decir que mi primer contacto con López Obrador fue casi neutro, porque no había todavía ningún proyecto del gobierno del D. F. que causara una gran controversia (era la transición hacia el año 2001). Sin embargo, sentí lo que siente un opositor político cuando se enfrenta con un hombre autoritario que ha conquistado el poder: con aire de superioridad, arrogante y manifiesto desprecio por quienes no piensan como él, lo cual se acentuaría en los años siguientes.

En efecto, el presupuesto del siguiente año reflejaba ya el talante megalómano de López Obrador. Frente a las carencias de los millones de pobres de la ciudad, privilegiaba la construcción obras lucidoras. Realmente no tenía intenciones de pasar a la historia (¿juntos haremos historia?) por atender a los más pobres del D. F.; me refiero a los pobres que carecen (y siguen careciendo) de agua, de drenaje, de vialidades, de transporte moderno y seguro, de regularización de la propiedad, tanto en Iztapalapa, como en la GAM, en Iztacalco, y en otras delegaciones.

Ante este panorama, acudimos a la Jefatura de Gobierno los Presidentes y las directivas de las Comisiones Unidas para dialogar con López Obrador. No resulta ocioso recordar aquí que la relación entre los poderes legislativo y ejecutivo, de cualquier entidad de gobierno, es absolutamente necesaria para lograr acuerdos en beneficio de los habitantes.

En ese entonces la Presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública era la diputada Iris Santa Cruz, del PRD, mujer muy inteligente y realmente sensible a las necesidades de los más pobres de la ciudad, además de talentosa y conocedora de la realidad del D. F. Aquí es preciso aclarar que cuando por reglamento se reunían las Comisiones Unidas, el que preside es quien tiene a su cargo más dictámenes qué procesar y ese era el Presidente de la Comisión de Hacienda, es decir, el que esto escribe.

La verdad es que en esa y otras reuniones no hubo posibilidad de diálogo. Frente a los argumentos que esgrimíamos los que representábamos a los ciudadanos, por ejemplo, que se estudiara la viabilidad de continuar el acuaférico hacia Iztapalapa, hubo oídos sordos. Llegó un momento en el que el Jefe de Gobierno, en lugar de atender a los planteamientos que hacíamos los allí presentes, incluidos algunos miembros de su gabinete, rompió el contacto y se dedicó a buscar telarañas en los rincones del techo. Tuvimos que llamarle la atención respecto de nuestra presencia y lo que representábamos, pero fue inútil.

En el tercer año, López Obrador enseñó todo el cobre. Ante su insistencia por hacer obras que sólo beneficiaban a quienes tenemos automóvil, tratamos (los miembros de las mesas directivas de las Comisiones Unidas) una vez más de disuadirlo y de orientar el gasto a los más necesitados, a los más pobres, a pesar de que las obras que quería hacer el Jefe de Gobierno nos beneficiaba a algunos de los presentes.

En conferencia de prensa, anuncié que los diputados de la ALDF le íbamos a poner candados al ejercicio del presupuesto, y así lo hicimos, a lo cual replicó que él tenía un “mazo de llaves para abrir todos los candados que le pusiera el diputado Abascal”.

En resumen, el presupuesto para el tercer año de ejercicio, aprobado por el pleno de la Asamblea Legislativa de D. F. por unanimidad (de hecho, los tres años del ejercicio parlamentario pudimos convencer al pleno, de que aprobara, por unanimidad, los dictámenes de nuestra competencia), el 29 de diciembre de 2002, fue modificado por López Obrador, es decir, fue mutilado y así, mutilado, lo publicó en enero de 2003 en la Gaceta Oficial, en contradicción y desacato con lo que decía el dictamen discutido y aprobado por el órgano legislativo. ¿No que primero los pobres?

Como reacción ante tal desacato (hay que recordar que no era la primera vez que incurría en rebelión contra las instituciones de gobierno), la Asamblea le envió un extrañamiento, mismo que ignoró olímpicamente quien ya se sentía no gobernante (servidor) sino dueño de la Ciudad. Pero ahí no pararon las reacciones viscerales de AMLO. En una de sus famosas conferencias de prensa matinales, en el mes de enero de 2003, algunos reporteros le preguntaron que cómo explicaba que los dictámenes de orden financiero no correspondían a lo que él había enviado en su iniciativa, a lo que contestó (palabras más, palabras menos): “Porque como la discusión y la aprobación de los decretos de Hacienda y Presupuesto se producían en el contexto de las fiestas decembrinas, el diputado Abascal se aprovechaba de los diputados del PRD porque los encontraba, o dormidos o borrachos”.

Fue tal la molestia y la indignación de los diputados del PRD que, por ejemplo, Armando Quintero, que era el líder de la bancada de ese partido renunció a la coordinación de la misma, diciendo que su jefe no era López Obrador y lo acusó de entrometerse en asuntos que no le competían. Otra de las consecuencias de la ira del señor López Obrador fue que, de manera autoritaria, dio la la orden para impedir que la diputada Iris Santa Cruz fuera candidata a jefa delegacional de la Magdalena Contreras.

Lo dicho hasta aquí, revela solamente un aspecto del talante autoritario de López Obrador; digamos que es únicamente “un botón de muestra”. Él no va a cambiar, por más que sus asesores (los no comunistas) traten de suavizar sus posturas en materia económica y social. Recordemos que Fidel Castro bajó de la Sierra Maestra rezando el rosario, y que Hugo Chávez se colgó una cruz cuando engañó al pueblo venezolano en su campaña por la presidencia.

 

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