El PAN

El PAN no tiene rumbo, sus liderazgos están maltrechos sino es que cuestionados públicamente.


 Problemas en el PAN


Este fin de semana el PAN celebra su reunión de consejo después de los comicios de este año, así que los artículos de esta semana serán sobre ese partido y la terrible condición en que se encuentra. El fracaso estrepitoso del PAN en las elecciones no es poca cosa. El penoso resultado obtenido en las urnas ha dejado al que fuera un poderoso partido de oposición durante décadas, que ha estado al mando del gobierno federal en dos ocasiones y que ha gobernado numerosos estados de la república, en una situación de indigencia política verdaderamente lamentable.

Aunado al triunfo aplastante de López Obrador, viene de la mano la disolución de la oposición al nuevo gobierno. Los ciudadanos decidieron no sólo darle una victoria abrumadora sino dejar reducida casi a una mínima expresión a quienes debieran ser sus opositores. Ante esta situación no se ve para cuándo levante la cabeza el PAN. De hecho su excandidato a la Presidencia no ha aparecido a más de un mes de las elecciones. No hay ni siquiera el esbozo de una explicación. Uno de los problemas de ese partido es que de unos años a la fecha el silencio es su forma de explicarse. No hay explicación a los militantes. ¿Por qué decidieron hipotecar al partido en una aventura electorera que los sumió de esa manera? ¿Por qué no pudieron enarbolar sus propias banderas los panistas? ¿En qué se fueron cientos de millones de pesos y por qué? Es probable que hagan una explicación plana diciendo que el Frente fue una mala idea, que no encontraron el mensaje adecuado... en fin, vaguedades.

El problema es que el PAN está despedazado, desdibujado, perdió todos sus asideros y su reserva moral (esto no es culpa de la dirigencia actual, lleva años). Sus personajes son muy menores, sin luces. Muchos de ellos fueron priistas de segunda o tercera y en el blanquiazul son panistas de primera. De hecho la comisión política y la de ¡doctrina! las encabezan expriistas. En el PAN no existen ya ni las formas más elementales del comportamiento partidista. En esta elección las muestras fueron de lo más variado: los expresidentes del país votaron por otro candidato, muchos militantes se fueron a otras campañas, el propio candidato presidencial apoyó a candidatos de otros partidos sin importarle que había una candidato del PAN; un expresidente del PAN se fue a Morena; no había la mínima gestión de los problemas, los panistas que no quedaban elegidos se iban de candidatos con AMLO o senadores panistas con el candidato del PRI. Fue la crónica de un desmoronamiento.

El PAN no tiene rumbo, sus liderazgos están maltrechos sino es que cuestionados públicamente. El hecho mismo que Ricardo Anaya, excandidato a la Presidencia y presidente del panismo, no haya regresado a su partido siquiera a recibir un aplauso de sus militantes por el esfuerzo fallido, habla de la nula calidad humana que queda en ese partido. A los candidatos en el PAN se les agradecía, se les aplaudía el esfuerzo. Se hacía causa común con quien perdía. De un tiempo a la fecha se blanden cuchillos y se escuchan gritos de venganza.

Ya son algunos años que el blanquiazul se ha convertido en una mala copia del PRI. La derrota de este año puede ser la oportunidad de cambiar al PAN, de ponerlo al día, de reconsiderar si su discurso toral –que le dicen humanismo político– es viable en estos tiempos y en este país; ya es hora de que dejen el dinero a un lado –aparte les van a quitar una buena cantidad; es momento de que lancen cuadros nuevos, que están en el arrancadero y que dejen de reciclar la basura interna en todos los puestos. Tiempo van a tener muchísimo porque de esta derrota no estarán repuestos para la intermedia, que puede ser otra aplanadora. Es hora de que el PAN piense en el largo plazo, aunque sea para sobrevivir.

 

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