¿Y la visión de los vendidos?

El caso más difícil y duro es el del PAN…



Dicen que de las derrotas se aprende más que de las victorias. Si es cierto este dicho, entonces los panistas y los perredistas han aprendido enormemente en tan sólo un día. Cantidades gigantescas de conocimiento fueron depositadas en las personas que militan y dirigen esos partidos. La estrepitosa derrota de la que fueron objeto a manos de la ciudadanía mexicana les servirá de lección. Aunque no es muy seguro que estén dispuestos a aprender de lo sucedido. La historia reciente de esos partidos nos dice que son más dados al olvido y a esconderse que a dar la cara, ofrecer explicaciones o disculpas según sea el caso (salvo el caso de MC, que fue el gran ganón de ese congal llamado Frente).

Entre las novedades a las que asistiremos en nuestra vida política durante los próximos meses, veremos cómo es que se arreglan, si lo hacen, los partidos que formarán la oposición de AMLO. Hay que decir que la situación del PRI es también absolutamente nueva, en términos legislativos quedó reducido y representa un partido mediano sino es que ya en la categoría de pequeño. El resultado de la monumental sacudida del pasado domingo es la división en ese partido, donde nadie puede tirar la primear a piedra –salvo Meade, pero no es priista–. En realidad el priismo no tiene mucha necesidad de explicar lo que pasó. Las causas de sus resultados están a la vista y se fueron evidenciando por todos durante el proceso electoral. Son pocos, pero bien peleados. No parece sencillo que el PRI se recupere rápido de este golpe. Los gobernadores que le quedan no cuentan con sus congresos, pues se los ganó la oposición, el nuevo presidente y su equipo no serán muy generosos con el tricolor y quizá sea el momento de revisar la marca PRI, que tiene connotaciones altamente negativas.

El PRD parece que salva el registro. La alarmante situación en que quedó no le va a dejar encabezar las posiciones opositoras. En la CDMX el castigo a sus gobiernos fue de grandes dimensiones. Ahogado en su propia corrupción, señalado por López Obrador por encarnar los vicios de la política, el perredismo verá qué puede hacer: si se suma en algo al PAN en la oposición o si de a tiro migra a Morena a sus legisladores para poder existir decorosamente.

El caso más difícil y duro es el del PAN. Un partido que pudo haber ganado o simplemente ser más competitivo, ha tenido los peores resultados de las últimas cuatro décadas. Ricardo Anaya terminó dando lo que se conoce como 'el josefinazo', y quedó más abajo que la candidata panista en 2012. Es claro que los triunfos en los estados en las elecciones de 2016 no son fruto de la estrategia de Anaya. Hasta eso mostró la derrota. Anaya tiene que explicar no solamente a sus militantes sino también a la opinión pública por qué hipotecó la vida de su partido en una aventura que terminó con la figura del candidato y del propio PAN. Anaya se debe retirar un tiempo prudente y regresar después a sumarse –no deja de ser un hombre inteligente y talentosos–. Su ambición ha degradado a ese partido, extravió a la derecha mexicana, sacrificó a su partido y a sus militantes para favorecer la vanidad de sus nuevos amigos, y dejó a la institución que llegó a encabezar la oposición en este país en condiciones de miseria moral y basura electoral.

Si el panismo no hace un ejercicio profundo de hasta dónde lo han llevado las filias y las fobias de sus liderazgos, cuál es el camino de regreso a sus valores y cómo retomar la verticalidad en la conducta pública como oposición, va a ser difícil que destaque de nuevo. Lo único que es claro que van a tener por el momento es tiempo, mucho tiempo, porque López Obrador y su banda no parece que se vayan a ir en seis años.

@yoinfluyo
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