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De la app y las firmas

Estamos, y para bien, en medio de un proceso nuevo que es la búsqueda de firmas para lograr candidaturas a la Presidencia y otros puestos de elección popular. Algo inédito en nuestro país. Era natural que algunas cosas salieran mal y tuvieran que pasar por un periodo de prueba y error.


Firmas aplicación


En estos días se han multiplicado los comentarios sobre el proceso de recolección de firmas. La gran mayoría de los columnistas tienden a decir que los candidatos no están organizados y no saben cómo conseguir firmas; que no planearon nada y que de todo le echan la culpa a la app. Cierto, las fallas de la app, una vez resueltas, no darían como resultado el casi millón de firmas que requiere cada candidato, pero me parece que hay muchos aspectos que no se toman en cuenta y que hacen del proceso, se consigan las firmas o no, algo profundamente inequitativo y poco accesible a los ciudadanos.

Es claro que los candidatos no sabían con qué se iban a topar –el INE tampoco. La app, que tiene muchas bondades, tiene también problemas que en un país como el nuestro no son poca cosa. Por ejemplo, que sólo funciona en teléfonos que cuestan un mínimo de 2,300 pesos. ¿Por qué un ciudadano debe tener a fuerza un teléfono de ese costo? Hay que decir que para saber esto hubo quienes estuvieron una tarde entera probando decenas de modelos de teléfonos. 

Otro de los problemas es que todo está pensado para controlar a los candidatos, no para facilitarle a los ciudadanos el dar la firma. Si los aspirantes no alcanzan las firmas, pues no estarán en las elecciones, pero si un ciudadano quiere dar su firma de apoyo, el INE no se lo ha facilitado. Por eso se pide que abran las oficinas distritales para que se puedan dar apoyos ahí. Todos saben dónde está su oficina del INE. Si alguien tiene la intención de apoyar en lugar de registrarse como auxiliar y luego poner su firma podría asistir a esas oficinas. 

Son décadas en las que la autoridad ha dicho a los ciudadanos –y con razón– que no le dé a nadie su credencial de elector. Ahora se la tiene que dar a alguien que no conoce, le toman foto por los dos lados a la credencial, una foto presencial a la persona y además tiene que firmar. Hay quienes con razón se sienten intimidados. Aunado a eso, en lugares en que la inseguridad es alta, la gente no trae su credencial de elector porque tiene su domicilio; otra gran cantidad de gente no la trae todo el tiempo consigo por temor a perderla ya que les es indispensable para muchos trámites. Invito a quienes dicen que no hay organización a que pidan firmas en la calle, no es sencillo. Y menos si la app es lenta.

Tomar los datos a mano sólo se podrá en lugares verdaderamente miserables –de alta marginalidad, dice el INE. Si eres pobre, si estás jodido, tienes que tener wifi, porque de otra manera no calificas para que se tomen tus datos. Vivimos en Suecia, no lo olviden.

Finalmente hay que tomar en cuenta que los aspirantes estaban preparados para una campaña, y quizá –no sé si en todos los casos– contaban con un equipo de campaña electoral y lo que necesitan ahorita es una especie de ejército de ventas, tipo Tupperware. No está fácil y menos con la cantidad de dinero que les permiten gastar.

El ejercicio está interesante, pero, que quede claro, no es para los ciudadanos (tal y como lo tuiteó el INE respecto a la app). La muestra es una foto de ayer en los medios: sentados en un rincón de la sesión del INE estaban los representantes de tres aspirantes. No tienen ni voz, ni voto. Así las cosas ciudadanas.

 

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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