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¿Sinceridad en la política? “¡París bien vale una misa!”

Se atribuye –sin ser necesariamente cierto– a Enrique IV de Francia el haber pronunciado la frase: “París bien vale una misa” (Paris vaut bien une messe). Él era un protestante que pretendía el trono, y entre otras cosas, optó por convertirse al catolicismo para tal fin, en medio de un clima hostil debido a las guerras de religión. Logró ser coronado rey, y algunos afirman que de los mejores que tuvo Francia.


México; París bien vale una misa


Desde entonces la frase se utiliza para describir a quien renuncia a sus convicciones más profundas para conseguir un objetivo, o bien, a quien deshace las causas de conflicto en aras de la concordia entre todos. El primero de sus usos es más bien maquiavélico, el segundo apela a la sensatez.

En esta suerte de ambivalencia se ha desarrollado la historia de la frase y de su posible hacedor.

Imaginemos que fuera cierto el que Enrique IV la haya pronunciado y el que, en efecto, utilitariamente se hubiera convertido al catolicismo para tener la aceptación de su pueblo. En medio de una guerra y tensión social, después de dos décadas de la matanza de San Bartolomé, donde muchos nobles protestantes fueron asesinados a las afueras de Louvre, un hugonote deja su credo ya para salvar su vida, ya para comenzar a pacificar a un pueblo.

Ante esta hipótesis se abren dos opciones: o a Enrique no le importaba el catolicismo, y seguiría siendo un calvinista de clóset, o bien la religión, cualquiera que ésta fuere, le valía un sorbete. Esta disyuntiva dibuja la caricatura de este rey, y a la postre, del pragmatismo que caracteriza a muchos gobernantes.

¡París bien vale una misa! Esta frase me recuerda a Carlos Salinas de Gortari restableciendo relaciones diplomáticas con el Vaticano, a Vicente Fox comulgando en la Basílica de Guadalupe y a Enrique Peña Nieto caminando, con ancha sonrisa, junto al Papa Francisco, o a su señora esposa llorando con el Papa en el Hospital Federico Gómez.

Vaya que sí deja dividendos el coquetear, de vez en cuando, con la religión. ¡México bien vale una misa!

¡París bien vale una misa! A los festejos del 50° aniversario de ordenación sacerdotal de Don Norberto Rivera asistieron, según informó la prensa, Carlos Slim, Humberto Roque Villanueva, Diego Fernández de Cevallos, Martha Sahagún, Carlos Romero Deschamps, Olegario Vázquez Raña, y más. Por supuesto, no tengo el más mínimo conocimiento de qué ocurre en la conciencia de cada uno de estos personajes y no voy a hacer ningún juicio temerario, pero me surge la duda si el catolicismo no acaso implica una responsabilidad mayor del empresariado para que se haga vida el destino universal de los bienes, y de los políticos para que se vele permanentemente por el bien común. Pero, ¡México bien vale una misa!

¡París bien vale una misa! Hará unos años, en una entrevista que Andrés Manuel López Obrador concedió a Carmen Aristegui, ella le preguntó sobre la relación de la Virgen de Guadalupe, La Morenita, con el nombre de su movimiento Morena. Andrés Manuel terminó por aceptar la importancia de los símbolos: “Nosotros queremos la renovación, pensamos que el país no va a salir adelante si no hay una renovación en todos los órdenes. Una vez vi una encuesta muy interesante, los símbolos, para los mexicanos lo más importante es la Virgen y luego [Benito] Juárez”. ¡México bien vale una misa!

México necesita una democracia basada en la sinceridad, en las convicciones y en el respeto. Basta de tomar la bandera religiosa cuando lo aconseja el timing político. Y esto lo digo por el 2018.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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