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Enfocar el tema del matrimonio homosexual desde la autocrítica

Hará un año que algunas de las ideas que ahora reescribo las compartí con algunos amigos. Ahora, viendo algunos de los acontecimientos de la vida nacional y el humor que noto en el ambiente, creo que es saludable brindar al amable lector un punto de vista diferente al que desde hace algunas semanas hemos estado expuestos.


México; matrimonio heterosexual


Este enfoque no presenta ni el argumento jurídico más consistente ni el recurso a la fundamentación antropológica o ética más convincente. Quiere ser más bien una autocrítica a los que de alguna u otra manera, por alguna u otra razón, no compartimos la idea de llamar matrimonio a las uniones homosexuales.

– Más allá de cuántos decidan libremente contraer matrimonio, cada vez son menos las parejas que deciden amarse de por vida: perdonarse, comprenderse, alegrarse, respetarse, etc. Diagnóstico: los matrimonios hemos dado muy mal ejemplo, cada vez entusiasmamos menos, y menos personas se sienten atraídas a esta experiencia de vida. Antes que cualquier otra crisis, y lo debemos ver con cifras del INEGI, hay un descenso preocupante en la tasa de nupcialidad y un ascenso más preocupante en la tasa de divorcios.

– Más allá de que haya adopción de hijos por parte de parejas homosexuales, cada vez son menos los matrimonios que quieren tener hijos. Diagnóstico: estamos tan aferrados al dinero y a un estilo de vida tan superficial y caro, que nunca nos alcanzará para tener una familia de muchos o de pocos. Se pide que las parejas gays no adopten, pero nosotros abandonamos, olvidamos, retrasamos y anulamos la procreación. No nos dan alegría los hijos: los evitamos. Vea la última ENADID publicada por INEGI para no edulcorar el enunciado anterior.

– Más allá de fanatismos religiosos y de relativismos culturales, cada vez hay menos creyentes, y cada vez son menos respetados esos creyentes; se les ridiculiza en un dos por tres y los hacen parecer que no tienen nada que aportar en una democracia plural, lo cual, hay que reconocerlo todos, es altamente discriminatorio. Diagnóstico: tal vez este desprecio por la voz de los creyentes en una democracia plural lo causamos los mismos creyentes, pues hemos vivido una fe de aparador, de fotos de bautismo y primera comunión... poco profunda, poco alegre, poco sincera y poco valiente. El relativismo cultural no ha tenido que luchar para abrirse un espacio. No; él ha venido a llenar un hueco, un espacio ya vacío –que probablemente antes lo llenaban suficientemente nuestros abuelos y bisabuelos, esos que fueron testimonio y compromiso–, espacio que no tuvimos la valentía de seguir ocupando nosotros.

– Más allá de los derechos y los deberes, más allá, mucho más allá de las demandas legítimas o ilegítimas, justas o manipuladas, está una realidad que nos solicita: los pobres, los indígenas, las viudas, los inmigrantes centroamericanos, los abandonados, los recluidos en asilos... ellos son cientos, son miles, son millones, son sin voz, son sin marchas, son sin “orgullo”. Diagnóstico: cada uno hemos buscado “nuestra causa”, y no la “causa del otro”. Hacemos apologías interminables que lo único que justifican es nuestro proceder. Aquí quiero externar que me encantaría que los movimientos LGBT dejaran de mirarse tanto a sí mismos; ya es hora que den un paso más: que vayan a techar casas indígenas, que promuevan los derechos de los migrantes, que ayuden con sus fondos a los más pobres, que sus marchas sean para reivindicar derechos de otras minorías más dolientes, más vulnerables y menos visibles. En estas marchas debemos ir juntos todos, debemos optar por visibilizar causas más urgentes aunque esto suponga nuestra invisibilidad social.

¿Cómo queremos dialogar? ¿Qué es lo que precisamente queremos proponer los heterosexuales católicos: una vida triste, llena de normas, infecunda, problematizada, egoísta? Este diálogo precisa antes, ANTES, un testimonio de vida, condición necesaria de todo diálogo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros” (Jn 13,35). Si la hipótesis de un matrimonio heterosexual católico no es atrayente, tal vez es porque nosotros mismos somos un vivo antitestimonio. Pero tal vez en nosotros está gran parte de la solución: Comencemos por casa.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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Comentarios  

#1 JOSÉ IGNACIO LESACA 31-12-2016 15:55
Gracias por sus artículos, Jorge Medina Delgadillo. He leído tres y me han parecido decididamente buenos. Sugestivos, iluminadores, sorprendentes. Algunos, que compartimos sus preocupaciones por ciertas causas (como el matrimonio y la familia), ya estamos hartos de oír los consabidos análisis apocalípticos en que se culpa de todo a una supuesta conspiración masónica. Usted es lúcido y autocrítico y no solo ve las amenazas de fuera, que también las ve, sino los abandonos, las cobardías, las deserciones, las perezas... de dentro, de dentro de casa. Un saludo cordial.
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