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¡Claudia, puedes ser tú!

Durante mucho tiempo Claudia se preguntó por qué permitía que los hombres le faltaran al respeto. Desde que era joven, dejaba que sus novios le fueran infieles y la maltrataran. tanto física como psicológicamente. Todo lo perdonaba, todo lo olvidaba, todo lo permitía.



Un día, en medio de una fuerte pelea con su pareja, se le vino un recuerdo que pensó había olvidado: su papá diciéndole cuando apenas tenía ocho años que era una incapaz, tonta, y demás palabras, que 30 años después se dio cuenta seguían escritas en su corazón.

Se secó las lágrimas y salió a dar un paseo por el parque para tranquilizarse. De un momento a otro, millones de recuerdos de su padre vinieron a su cabeza. Vio cómo salía corriendo del cuarto para no ver cómo maltrataban a su mamá, escuchó las palabras hirientes una y otra vez, cerró los ojos y se dio cuenta del hallazgo que cambiaría su vida: toda la falta de respeto de sus parejas era porque su figura masculina más cercana (su padre) la había herido de la misma manera.

Claudia, sin darse cuenta, pensaba que ése era el amor que ella se merecía. “Un amor” basado en el dolor, la humillación y, por tanto, la aceptación de acciones hirientes que atentaban contra su dignidad. Se dio cuenta que tenía mucho rencor y tristeza en su corazón, y que por esta razón se encontraba atrapada en un círculo vicioso que se repetía una y otra vez.

¡Pero no tenía por qué ser así! Ella, a pesar de ser víctima de su pasado, tenía la capacidad de decidir qué iba a pasar con su futuro. La única fuerza que podía romper ese círculo de dolor iba a ser EL AMOR. Ella no tenía por qué aceptar que ningún hombre la menospreciara. ¡Claudia, como todas las mujeres, se merece ser amada y respetada por lo que es!

Existe un refrán que dice que, como la mujer es tratada por el papá, va a buscar que la trate su pareja. Papás: recuerden que son el principal modelo de amor para sus hijas, invítenlas a soñar, a no temer al fracaso, denles lo suficiente para que ellas vayan por el todo. Ayúdenlas a entender que la vida es lucha, pero a la vez felicidad. Trátenlas como algún día quisieran que sus parejas las trataran, ámenlas hasta que les duela.

Lo que se aprende con el corazón jamás se olvida. El amor todo lo sana, todo lo puede. ¡Y tú no te mereces menos que ser amada por quien eres!

Gracias papi.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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