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Escenarios 2017-2018: un cambio paradigmático

Un paradigma, según Thomas Kuhn, es la transformación de los modelos y parámetros explicativos de un fenómeno científico que tiende a revolucionar la manera en cómo se concibe. En ese sentido, lo que se atestigua el día de hoy a nivel nacional e internacional bien puede adoptar un significado similar.


México; escenarios 2017-2018


En efecto, dados los últimos acontecimientos locales, regionales y mundiales, lo que se puede apreciar es el inicio de una dinámica totalmente distinta a la acostumbrada respecto de la interpretación de los hechos políticos y sus consecuencias a nivel económico o social.

El primer ejemplo de lo anterior –por ser el más cercano– se relaciona con la elección de Donald Trump como el 45º presidente de Estados Unidos. No deja de llamar la atención que este personaje surgido del ámbito empresarial haya llegado a trastocar el sistema electoral estadounidense, al grado de convertir uno de los comicios más seguidos del orbe (probablemente a la par de los de Francia, Alemania e Inglaterra) en un espectáculo televisivo como no se había presenciado en época recientes.

Y es que, más allá de las filias o fobias que individualmente se puedan generar por Trump, lo cierto es que llegó para modificar las reglas del establishment en todos sentidos: desde el modelo de comunicación política (el uso de Twitter como oficina de prensa) hasta la interacción con países que, dadas sus posiciones, tienen una relación estrecha y complicada con ese país.

El primero de los implicados en este proceso es, sin duda, México. Como es sabido, la respuesta gubernamental ante este nuevo escenario ha sido vapuleada por la opinión pública nacional. No obstante, parece que el ánimo del presidente Peña Nieto se encuentra separado del pensar de algunos que ven en Trump la nueva amenaza a la soberanía nacional.

Al respecto, vale la pena una breve reflexión. Si bien es cierto que este empresario-político ha sido un factor inesperado en la ecuación tradicional de los encuentros bilaterales de ambas naciones, también es un hecho que se ha analizado desde un foco “patriotero” todo aquello que lleve impreso la marca estadounidense.

Así como se han expresado mentes lúcidas sobre cómo hacer frente a esta coyuntura, hay corrientes de opinión política que aprovechan la circunstancia para posicionar un discurso demagógico que, dadas las condiciones económicas y sociales actuales en México, encuentran un campo fértil en el disgusto y la inconformidad hacia el gobierno federal. Esta peculiaridad tiene efectos inmediatos en las elecciones de 2017 y la presidencial de 2018.

Como se sabe, la figura de Andrés Manuel López Obrador crece y se fortalece en la misma medida que se desprestigia y arrincona a la administración de Peña Nieto –basta con recordar cómo los episodios de la llamada Casa Blanca, o la tragedia de Ayotzinapa han servido como combustible para acelerar el paso de este (pre) candidato presidencial. Lo anterior implica que desde las altas esferas política se prevea un competido escenario electoral, primero en el Estado de México, donde se renueva la gubernatura; y, enseguida, la presidencial del 2018.

Del primer caso, es de resaltar que en días recientes se definió la candidatura de Alfredo del Mazo Maza como abanderado del PRI –opción por demás obvia dados los antecedentes y el parentesco con el Presidente–, Delfina Gómez irá por el partido Morena y, posiblemente, Josefina Vázquez Mota irá por el PAN y Juan Zepeda por el PRD.

Este tablero anuncia una elección de la que, del algún modo, se pueden prever los escenarios para el 2018. Si, como se ha divulgado, hay un acuerdo entre PRI y PAN para que el primero retenga el Estado de México a cambio de que el PAN recupere la Presidencia de la República, es de esperar que la campaña estatal no represente mayores complicaciones para el tricolor. No obstante, no se puede descartar que la cúpula panista se incline por no respetar el acuerdo, tomando en consideración que su candidata aparece por encima del primo presidencial, lo cual podría traducirse en una jugada de doble banda en la que ganan ambos comicios, dejando al PRI en la posición más débil de su historia.

Como sea, estos escarceos son apenas la antesala para lo que le espera al país dentro de un año. Será, en efecto, uno de los procesos más complejos de la historia reciente ya que se juega la estabilidad política, económica y social de México, tanto a nivel interno, como en su proyección mundial. Y es que, dadas las condiciones, quien quiera que llegue a la primera magistratura, se encontrará con nuevas relaciones geopolíticas, en las que Rusia y China se posicionarán como los países con mayores influencias en el orbe, desplazando a Estados Unidos a un segundo plano, del cual será difícil que logre salir, máxime con las actitudes de su presidente.

En suma, es una época de reordenamientos trascendentales a los cuales es importante estar atentos para saber leer e interpretar las jugadas de los actores políticos más trascendentes, quienes, como se indicó al principio, han entendido que hay reglas diferentes, en las que, como la teoría darwinista, sólo saldrá avante aquel que sepa adaptarse a estas condiciones.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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