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¿Desaparecerán los medios tradicionales?

Los medios están en riesgo. Y no únicamente por los ataques de gobiernos autoritarios o por el crimen organizado. Una combinación de cambios tecnológicos y un desprestigio que se han ganado a pulso, podría llevar a la desaparición de medios con una larga trayectoria.


México; medios tradicionales


Recientemente ocurrió la celebración anual de la asociación de corresponsales en la Casa Blanca, un evento con una larga tradición y que, por primera vez en muchos años, no tuvo la presencia del presidente de los Estados Unidos.

Previo a la entrega de premios anuales, la conferencia principal estuvo a cargo de los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward, famosos por su investigación del caso Watergate en los setentas del siglo pasado, que llevaron a la renuncia del presidente Richard Nixon. En su presentación Carl Bernstein dijo que la prensa “tiene la obligación de presentar la mejor versión obtenible de la verdad”. Hay algo que discutir en este concepto. Claramente, se puede prestar a pensar en un relativismo, que llevaría a pensar que la verdad puede tener varias versiones. Estrictamente, lo que si puede haber son diferentes descripciones de la realidad y algunas de ellas estar mejor ajustadas que otras a esa realidad. Pero la verdad, estrictamente, consiste en que lo que se dice una cosa esté plenamente concorde con su realidad. Pero tal vez estas son sutilezas filosóficas, muy útiles porque presentan un ideal importante y que raramente se logra por completo.

Lo que es muy rescatable de esta presentación es la obligación que tiene el periodista de lograr que sus análisis y descripciones se ajusten a la verdad de la mejor manera posible. En este sentido quiero tomar sus conceptos. Más adelante, en su presentación, Bernstein dijo un gran concepto: la verdad, finalmente, siempre sale a flote. Y cuando los comunicadores exageran o deforman la verdad, finalmente terminan desprestigiándose y desprestigiando al gremio de los medios.

Detrás de esta presentación, que incluyó algún ataque al presidente Trump, puede percibirse una cierta angustia de los medios. Lo que se dijo no es algo teórico. De hecho, es una realidad que ya está ocurriendo. La prensa se está desprestigiando cada vez más. En parte por las exageraciones y el sesgo que hacen, al permitir que consideraciones ideológicas modifiquen su mensaje y apartándose de la necesidad fundamental de hacer todo el esfuerzo posible para presentar la verdad como es. Cuando el público ya no cree en los medios, puede presentarse un fenómeno muy extendido en las pasadas elecciones estadunidenses. Mucha gente en EEUU razonó de esta manera: “si la prensa está atacando tan fuertemente al Sr. Trump, quiere decir que debe ser bueno”.

Además, es un hecho que la prensa tradicional, lo que los estadunidenses le llaman la corriente principal, “main stream” está luchando por su supervivencia y, en parte, lo mismo le está pasando a la prensa tradicional mexicana. En parte por el crecimiento de otras fuentes de información no tradicionales, muchas veces con un alto nivel de profesionalismo, que se están dando través de medios alternativos, como la prensa y la televisión a través de internet. Y esto ha llevado también a que los presupuestos de publicidad, que son los que nutren a los medios tradicionales, han reducido su aportación a los medios tradicionales y se han repartido entre nuevos medios.

Esta situación ya ha llevado al cierre de algunos periódicos y revistas con una larga tradición. Una combinación de su desprestigio y de las múltiples opciones ha reducido el número de usuarios para la prensa tradicional. Por otro lado, hay que reconocer que los medios han abusado de su papel de “cuarto poder” y se han convertido en muchas ocasiones en investigador, juez, jurado y verdugo. Los linchamientos mediáticos se vuelven cada vez más viciosos y más frecuentes. Y cuando finalmente sale a flote la verdad, el poder de estos medios les permite evitar las consecuencias. Y no hablemos sobre su enorme falta de respeto por la privacidad y la buena fama de las personas.

¿Tienen salvación los medios tradicionales? Es muy pronto para decirlo. Se oyen pocas voces pidiendo una reforma, como es el caso de los periodistas que he mencionado en este artículo. Muy probablemente, les ocurra lo que a todos los poderes que influyen sobre la sociedad. Difícilmente se van a corregir por sí solos; sólo la presión de la sociedad puede lograr un cambio.

Claramente se necesitan medios de alta calidad, profesional y ética. Por el momento, muchas personas están sustituyendo ese tipo de medios por la versión electrónica de los chismes pueblerinos. Pero, más pronto o más tarde, necesitamos buena información, bien desarrollada bien investigada, bien validada, con un alto grado de confiabilidad y bien analizada. Hay mucho en juego cuando se pierde a la posibilidad de esa clase de información.

Mientras esto ocurra, los medios más pequeños, los no tradicionales, deberían desarrollar su posición en la sociedad precisamente a través de trabajos con un alto nivel de ética, profesionalismo y responsabilidad. Eso irá construyendo un prestigio que les permita verdaderamente influir en la sociedad. Es grande la tentación de seleccionar los hechos, de presentar sólo aquellos que apoyan nuestras ideas y no poner a debate visiones que se oponen a la nuestra. O descalificarlas sin bases o mediante falacias. En este campo, como muchos otros, a largo plazo la ética es la mayor y más sostenible de las ventajas.

* Consultor de empresas. Académico del TEC de Monterrey. Ha colaborado como editorialista en diversos medios de comunicación como el Heraldo de México, El Universal, El Sol de México y Church Fórum

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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