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Amoroso de mis amores y amigo de mis amigos

Así debo ser el 14 de febrero, festividad de San Valentín, tradicionalmente “día del amor” y, agregado comercialmente después: “y de la amistad”. Amoroso y amigo, pero auténtico, de verdad y no de imagen de que “cumplí” con la fecha.


México; 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad


Creo que debe ser esta una ocasión para reflexionar: ¿se trata de abrumar a mi familia, a la pareja, a mis amigos, y hasta a cualquier persona conocida con felicitaciones, con frases y lugares comunes sobre la gran valía del amor, que llegan hasta la cursilería y la vacuidad en muchos casos?

¿Es ocasión obligada de enviar montones de imágenes con textos alusivos a los correos-e, a las redes sociales, sobre todo WhatsApp y Facebook, de cuantas personas conozca si posible? Si no hay verdaderos afectos, que vayan más allá, mucho más allá de simples declaraciones, y que se manifiesten en hechos reales, que sean la verdadera materia del amor y la amistad… no tienen valor alguno.

Verse obligado a comprar regalos, flores y (todavía) tarjetas de felicitación, bisutería, adornos y colguijes para ropas, casas y autos con esos motivos, no lleva a gran cosa. Lo importante es que el amor y la amistad se manifiesten en hechos concretos: “obras son amores y no buenas razones”.

Claro que es importante, necesario, para el bien del espíritu, decirle y repetirle a nuestros seres amados que los queremos, pero para que ello se pueda reconocer como auténtico no puede reducirse al 14 de febrero. Los abrazos, el tomar una mano, echar un brazo sobre el hombro ajeno, un par de palmaditas en el hombro, el dar un beso y otras manifestaciones de cariño, son muestras de amor, de afecto, de apoyo. A veces el solo estar presentes cuando nuestros seres queridos lo necesitan. Nuestra actitud al dar esas cosas hace saber a la otra persona que sí son de verdadero afecto, que no son solamente falsedades para (intentar) quedar bien. Y que lo hacemos como vivencia de amor a Dios a través de nuestro prójimo.

La festividad de San Valentín, el 14 de febrero, debe ser más que nada ocasión nuestra de reflexión sobre la realidad de nuestros amores y de nuestros afectos: ¿son realmente acciones o se quedan en declaraciones y dichos? Y en todo caso, ¿dichas acciones son del tamaño del pretendido amor, de la pretendida amistad? Si algo nos falta, debemos corregirlo, completarlo más bien.

Hagamos que el día de San Valentín sea más dedicado al amor y a la amistad de verdad, que todas nuestras felicitaciones lo sean de tal manera que quienes lo reciban las perciban como lo más auténtico. Y recordemos la vieja recomendación oficial: “regale afecto, no lo compre”. Que en todo obsequio se vea una muestra de afecto y no un compromiso de la abrumadora publicidad de los comercios, que ven ese día como fuente de ingresos, y alucinar a la gente que debe regalar algo, para que se note que cumple con el “día del amor y la amistad”.

Que quienes reciban nuestros mensajes, poemas, dibujos y regalos de amor y amistad, reciban también la clara señal de ser totalmente auténticos; que detrás de ello esté subliminalmente la conciencia de que pueden contar con nosotros, en las buenas y sobre todo en las malas. Es una buena fecha para hacer saber a nuestros seres queridos que pedimos por ellos al Señor, que les dé su paz y los llene de bendiciones, que su amor llegue a ellos: el amor perfecto.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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