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Reacciones mexicanas frente al fenómeno Trump

La gran confusión, el gran desosiego, la gran preocupación. De ésta, y muchas formas más, se puede calificar a la flamante administración Trump. Y aunque algunas personas dicen que Trump es impredecible, no lo es tanto, pues ha sido consistente en comenzar a llevar cabo sus promesas de campaña.


México; Trump, amenazas


Pero lo impredecible sí es el cómo reacciona ante los acontecimientos y en sus relaciones como Jefe de Estado. Los especialistas ya hacen diagnósticos sobre una personalidad enferma, psicótica, con ciertos delirios mesiánicos: él puede hacer lo que nadie ha hecho, arreglará el mundo, a favor de Estados Unidos, que ha sido “abusado” por los demás, primero por México, por un tratado de libre comercio favorable “unilateralmente”, y ahora dice abusado por el mundo.

Pero para los mexicanos, las preocupaciones de lo que Trump haga respecto al resto del mundo o en deshacer mucho de lo logrado por su antecesor, Obama, se ven como asuntos ajenos: no nos incumben, se piensa. ¿Qué es lo que sí alarma a los mexicanos?

Varias cosas, y lo más preocupante, la deportación masiva de indocumentados que usó como tema de campaña y que afirma llevará a cabo, aunque ya moderó su alcance. Dice que expulsará a quienes tengan algún récord criminal, a narcotraficantes, a capos de las drogas, a pandilleros, y otros más, que tengan récords de policía. Habló de entre dos y tres millones de indocumentados a deportar, pero ya con estas características nunca podrá reunirlos, no los hay.

Amenazó con expulsar también a los jóvenes que entraron de niños a Estados Unidos y que han crecido y se han educado allá, los que sueñan con el famoso “sueño americano” de vida, que han sido bautizados precisamente como los soñadores, los “dreamers”. Gran preocupación causó esta amenaza. Pero luego la ha cambiado, no ha dicho que no se preocupen, aunque lo da a entender, ya que reconoce son personas preparadas, y ya dijo que no debían de preocuparse… mucho. Y eso no deja de ser una amenaza.

De todas maneras, millones de indocumentados mexicanos y de otras nacionalidades sienten que están en peligro inminente de ser echados del país hacia… ¿dónde? Probablemente a la frontera vecina, a México, que tampoco querrá tenerlos aquí. Ya de por sí a toda prisa intenta preparase para recibir desde miles a millones de deportados, a quienes hay que colocar en vivienda, trabajo y escuela, según el caso.

Otra cosa altamente preocupante, es el insistente mensaje xenofóbico contra México de su campaña, el cual ha creado una actitud antimexicana que antes no existía tan exacerbada. Representa un peligro para quienes están allá, ilegal o hasta legalmente. Un peligro de diversos matices, que irían desde el extremo de la agresión a sus personas y bienes, hasta el rechazo de trabajo.

El asunto del muro fronterizo, del cual no dejó ni deja de hablar, realmente no preocupa tanto a los mexicanos. Saben que con muro y sin él seguirá habiendo quienes crucen a Estados Unidos buscando trabajo y mejor vida. Será más difícil, pero como dijo la señora Napolitano, ex-secretaria de Seguridad Interior: muéstrame una barda de 50 pies y yo te muestro una escalera de 51 pies.

Del asunto de pagar el muro, no creo que haya algún mexicano que realmente se preocupe, pues no hay manera de que Trump y su gobierno obliguen a un país extranjero a pagar una obra pública suya. La verdad, es que ya no saben qué inventar políticamente para simular que de alguna forma obligarán a México a pagar el tal muro. Para este país es ya como el famoso “petate del muerto”.

Lo que ha provocado Trump con su anti-mexicanismo es una gran ola de patriotismo o de patrioterismo en México, con lo razonable (por posible) y lo fantasioso de que los mexicanos se unan para hacerle frente al poderoso Estados Unidos de Trump. En lo popular, esa tal unidad es más cuestión de buenos deseos que una real búsqueda de soluciones. Pero a nivel de gobierno sí se busca algo que hacer, y aunque todos sabemos a dónde se quiere llegar, que es reducir drásticamente la dependencia económica de los mercados estadounidenses, no atinan a hacer planes con la cabeza fría. Prepararse para recibir a millones de deportados es una cosa, pero otra es depender menos de Estados Unidos.

Otro efecto de la llegada de Trump a la presidencia, con su anti-mexicanismo, es haber despertado en mucha gente una aversión a todo lo que sea de origen estadounidense. La actitud es de revancha, dejar de consumir productos estadounidenses y consumir lo mexicano, no comprar en cadenas de negocios de origen estadounidense, como Starbucks o Walmart. No es una actitud sensata, pero sí comprensible. No se distingue al enemigo completamente personal, Donald Trump, y la ciudadanía o el empresariado del vecino del Norte.

La verdad es que a corto plazo no se puede hacer mucho en México para resistir las andanadas trumpistas contra México. Diversificar mercados toma varios años, y sin poder garantizar resultados.

El otro problema que preocupa a los mexicanos es la amenaza de cancelar (en vez de revisar) el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el TLCAN. Eso empezará en todo caso en mayo próximo, pero por ahora ni el mismo Trump sabe qué, ni cómo, se hará. Ha hablado de salirse del TLC y de renegociarlo.

La verdad es que con todas sus obsesiones y poder ejecutivo, Trump no tiene tanto campo de decisión y acción como quisiera. ¿Por qué? Porque en el vecino del Norte sí hay equilibrio entre poderes: ejecutivo, legislativo y judicial, ya demostrado con resoluciones judiciales en contra de su decreto anti-inmigrante hacia viajeros provenientes de siete países musulmanes. También enfrenta resistencias locales de gobernadores y hasta de alcaldes.

En fin, México tiene cosas que temer, como las deportaciones, sobre todo, pero también mucho con que defenderse, en especial, en materia de comercio. El vociferante Trump no podrá cumplir muchas de sus amenazas, o no con el alcance que quisiera. Por eso ha moderado algo su discurso y ya declaró que admira y quiere a México.

Lo que vaya a pasar está aún en la indefinición, en un limbo. Lo veremos.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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