Últimas noticias:

¡Ay Diosito, ayúdame!

Muchas, muchas referencias hay de cómo las personas que llevan una vida sin graves problemas, cómoda, se olvidan de Dios y hasta lo rechazan, pero que al enfrentarse a la tragedia, a la enfermedad, al desamparo, de pronto se acuerdan de Él, dejando atrás su menosprecio por lo que el Señor nos va dando día a día.



Llevo varios años leyendo a un empresario que publica en Internet para miles de lectores, sólo por el gusto de hacerlo (omitiré su nombre y su columna). Su posición ante Dios era de alejamiento, no le interesaba, y con críticas (y hasta desprecios) generalmente infundadas para su Iglesia, su actividad y sus enseñanzas. Pero de pronto se enfrentó a la gran tragedia: ¡cáncer!, la temida enfermedad en mucho mortal y de gran sufrimiento.

En algún momento decidió narrar a sus lectores el cómo se estaba enfrentando a la enfermedad y de cómo le fue controlada, no sin dejar secuelas. Parecía que se rencontraría con Dios. Algo iba publicando al respecto después.

Pero ahora, con varias penurias de salud, escribe lo siguiente: “Cuando arrecia la tormenta, siempre encuentro refugio en la fe, en el amor de Dios, en saber que soy su hijo muy amado. Él está a mi lado, por eso no temo, no tengo miedo, pase lo que pase, por más que lo saque a patadas de mi vida”.

Esta es la historia de muchos que viven cómodamente “sin necesitar a Dios”, como lo piensan y a veces lo dicen. Es el gran problema del “mundo feliz”, ése que confunde la felicidad, que proviene de una paz interior, con el confort de “tener la vida resuelta”. Un ateísmo funcional.

El gran hueco del pensamiento cuando todo lo necesario de la vida parece resuelto, es olvidarse de que eso mismo, que todo viene de Dios, de una forma u otra. El mundo del “desarrollo” y las zonas de confort de los países pobres, sufren mucho de lo mismo: se olvidan de Dios y de las obligaciones que Él impone, hasta que su mundo se derrumba o se estremece.

Dicen que muchos se acuerdan de Dios cuando el avión en que viajan empieza a perder altura, y de pronto les sale del alma el: ¡ay Diosito, ayúdame!

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com

@siredingv

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar