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Muchas lecciones que aprender tras el 8/11

Muchas, demasiadas sorpresas se llevaron el mundo y en particular los analistas políticos tras la elección presidencial del 8 de noviembre en Estados Unidos. Que el triunfo de Trump fue inesperado, que por qué la mitad de los votantes le dieron su apoyo, que por qué fallaron las encuestas, y que por qué muchas cosas más.



De allí se sacaron varias consecuencias, y una de ellas es que hay que revisar los métodos de análisis de la política, que las encuestadoras fallaron y ya no son creíbles y que los futuros candidatos y gobernantes deben revisar sus estrategias de propaganda, conforme a lo que debe aprenderse de lo sucedido en Estados Unidos, en el Reino Unido (Brexit) y en Colombia (tratado de paz).

Primero que nada, no todo mundo está sorprendido y desconcertado con todo ello. Siempre ha habido personas con mejor juicio que han pronosticado estos sucesos de votación popular y los explicaron… pero la gran mayoría no les hizo caso.

En segundo lugar, de inmediato gente pensante y no pensante empezaron a dar explicaciones, algunas muy acertadas y otras a la ligera, más juegos de adivinanza que razonamientos. Pero muchas explicaciones fueron acertadas, así que es válida la pregunta de ¿por qué no lo pensaron antes y lo dijeron así?

Esas explicaciones acertadas, publicadas desde unas cuantas horas tras la votación no lo fueron antes, creo, por una simple causa: pereza mental, pereza de repensar las cosas, confiarse en las visiones y explicaciones digamos “tradicionales” de la política como fenómeno social. Los pocos que anticiparon los nuevos fenómenos de las preferencias ciudadanas y la expresión de ellas votando o dejando de votar, ni siquiera fueron reconocidos.

Así es de cierto, hay mucho que aprender tanto por la llamada clase política, como por los presuntos analistas políticos y hasta por la ciudadanía en general. Ciertas personas al parecer ya lo habían hecho, y hablo de estrategas políticos, que sabían lo que la gente deseaba escuchar y lo que también valoraba o despreciaba, o como se dice, aquello “que le pasaba de noche”. También puede ser que la estrategia no tenía tanta base analítica, pero que resultó acertada de todas maneras.

Los discursos políticos deben ser revisados en su estrategia de campaña, y reconocer algo que se ha dicho muchas veces (me incluyo) sobre las motivaciones de la gente. De cómo es preciso reconocer que la gente es racional pero también emotiva, y que en general, no solamente en la vida política, las emociones superan a los raciocinios. E insisto en algo que ya he dicho y han advertido personas de las ciencias sociales, que por eso el populismo tiene éxito.

Así que un aprendizaje es el averiguar qué es lo que motiva al ciudadano para definir sus prioridades y votar (o no votar). Quienes satanizan a las personas que venden su voto por un plato de lentejas (o una despensa, o un viajecito o algo de dinero) no entienden el valor de la inmediatez ante la necesidad, de tomar lo presente contra una oferta incierta a futuro.

Se dice que la gente en la acción política ciudadana “no tiene memoria reciente”, pero muchas veces no es siquiera falta de memoria, sino desconocimiento de lo que en el fondo sucede en la política, y su falta de herramientas de análisis para conocer la realidad y su futuro próximo. Y eso no se enseña en la escuela.

¿Y las encuestas? ¿Por qué fallan? Pues fallan porque están mal hechas, aunque se supone que siguen procesos técnicos “probados”. Pero sus fallas demuestran que en realidad sus tales “técnicas” son más bien hipótesis no comprobadas. Las fallas de las encuestas no son nada nuevas, ni aparecieron de pronto en 2016. Sus errores vienen de mucho antes, cuando los resultados de las mismas, publicados lo más cercano posible a las elecciones, han diferido de los resultados.

Las ingenuas explicaciones de que las encuestas son una fotografía instantánea que no indica que seguirá igual no llevan a nada. Hay graves errores en la selección de las muestras, que después resultan no representativas, por más matemáticas que les hayan aplicado.

Todos necesitan reaprender lo que se supone que sabían, como es el análisis político, que ha resultado gravemente falto del apoyo en las ciencias de la conducta. Primero que nada, los políticos que tras sus esfuerzos para obtener el apoyo popular fallan estrepitosamente, y luego, lo más grave, es que no se explican el por qué. Y de allí pasan a no tener la menor idea de qué hacer en el futuro inmediato.

Lo mismo pasa con los analistas políticos. Cuando la gran mayoría falla en sus análisis y predicciones, algo está mal en la profesión. Me parece que es en la academia, en donde se piensa más con la cabeza fría y con menos intereses políticos, en donde los análisis son más acertados. Pero a los “profesores” luego los “expertos” no les creen, ni tienen tampoco los grandes medios de comunicación a su favor como los columnistas más reconocidos.

Por último, la ciudadanía debe ponerse más alerta para reflexionar sobre las verdades de la situación política, así como de los personajes más poderosos en ella, y los más locuaces. El ciudadano común debe, con las experiencias pasadas viejas y recientes, pensar bien y sopesar la oferta política electoral, para lo cual ésta se debe enfrentar con la historia de los políticos, de los gobiernos, de los candidatos y de los partidos.

Sí pues, que todos aprendamos no “algo”, sino mucho de lo debido para entender el “qué pasó” y prever en lo posible lo que puede pasar, tanto en la vida política y administración pública, como en los próximos eventos electorales. Aprender a no dejarse engañar, a no dejarse manipular. Pero hay algo más urgente que aprender por todos: a no apanicarse por una desmedida desesperación altamente pesimista. Lo que suceda y se decida en el próximo gobierno de Estados Unidos no puede ser, por razones de división de poderes, tan absurdo como lo planteó Trump en su campaña. Lo veremos pronto.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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