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“Silence” y el martirio de Eleazar

Quien revise las páginas de la historia universal estará de acuerdo con nosotros en que una de las persecuciones más sangrientas en contra de la fe cristiana tuvo lugar en el Japón entre los siglos XVI y XVIII.


México; película Silence


Un sistema monárquico regido por un emperador autócrata, fuertemente influido por una inflexible casta sacerdotal, impedía que a tierras del sol naciente llegara la mínima influencia de la cultura occidental.

Y es que aquella todopoderosa casta se mostraba celosa ante cualquier creencia extranjera que pudiera afectar sus privilegios e intereses creados.

Eso explica las sangrientas persecuciones en contra de las comunidades cristianas que allí empezaron a surgir a partir de la grandiosa obra misionera realizada por San Francisco Javier en el Lejano Oriente.

Eso explica la crucifixión de nuestro protomártir San Felipe de Jesús y compañeros en la colina de Nagasaki aquel 5 de febrero de 1597; así como también el que, años después, corrieran la misma suerte otros dos mexicanos: Los beatos Bartolomé Gutiérrez y Bartolomé Laurel.

Eso explica el clima de terror que durante más de doscientos años padecieron los cristianos japoneses que tuvieron que vivir su fe a escondidas y en un ambiente muy parecido al de las Catacumbas de la Roma de los Césares.

Pues bien, ése es el ambiente en el que se desarrolla la película “Silence” que se estrenó hace algunas semanas en varias salas cinematográficas del mundo entero y que ha dado mucho de qué hablar.

El argumento gira en torno a dos misioneros jesuitas de nacionalidad portuguesa que viajan hasta el Japón en busca del Padre Ferreira, quien, según noticias, apostató de la fe cristiana. Llegan a tierras niponas, viven allí a salto de mata, pero les conforta ver la fe de las amedrentadas comunidades cristianas que hacen gala de una piadosa devoción cuando asisten a Misa y reciben unos sacramentos que hacía muchísimo tiempo que no recibían.

Al fin, por causa de la delación de un apóstata, son apresados y presionados para que renieguen de su fe.

El Padre Rodrígues (así, con S al final, porque se trata de un apellido portugués) se resiste hasta el último momento, lo amenazan con matar en su presencia a un puñado de cristianos fieles, es presionado por el apóstata Padre Ferreira y, al final, cede pisando públicamente una imagen cristiana.

Es aquí donde se ha provocado una polémica que tiene mucho de artificial: ¿Hizo bien el Padre Rodrígues en apostatar para, de ese modo, salvar de la muerte a una comunidad que estaba ya a punto de recibir el martirio?

En la película se da a entender que la apostasía del jesuita no fue sincera, que en su interior continuó siendo cristiano y que si renegó de la fe lo hizo para evitar un mal mayor. A fin de cuentas, la tesis del “mal menor” que, cuando se utiliza de manera sistemática, viene siendo el peor de los males.

A este sofisma respondemos con la Biblia en la mano, concretamente citando lo que se nos dice en el II Libro de los Macabeos, donde se trata del martirio del anciano Eleazar. Eleazar, fiel a su religión judía, rechazó comer la carne de cerdo que le exigían los gentiles. Los encargados del banquete lo llevan aparte y le piden que finja comer para, de ese modo, salvar su vida.

A esto se niega el anciano explicando que no lo hará “porque a nuestra edad no es digno fingir, no sea que muchos jóvenes, creyendo que Eleazar, a sus noventa años, se ha pasado a las costumbres paganas, también ellos, por mi simulación y por mi apego a este breve resto de mi vida, se desvíen por mi culpa y yo atraiga mancha y deshonra a mi vejez. Pues, aunque me libre al presente del castigo de los hombres, sin embargo ni vivo ni muerto podré escapar de las manos del Todopoderoso” (II Macabeos 6, 24 – 27).

Eleazar murió dando testimonio de su fe y es hoy el día en que la Iglesia lo recuerda como mártir anterior a Cristo. Su fiesta se celebra el 23 de agosto.

Ese valor y esa entereza fueron los que le faltaron a los dos jesuitas apóstatas que acabaron como sirvientes de la casta sacerdotal budista y que, al apostatar creyendo hacer un bien, lo que lograron fue privar a un pequeño grupo de la corona del martirio.

“Silence”, una película técnicamente bien realizada, con actuaciones magistrales, estupenda fotografía y que presenta con el más crudo de los realismos el furor anticristiano que se vivió en el Japón durante aquellos atribulados siglos.

Una película realizada por Martín Scorsese, un afamado director que ya en 1988 provocara infinidad de polémicas al estrenar una película también controvertida: “La última tentación de Cristo”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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