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Adiós Obama, adiós

En lo sucesivo, el 20 de enero de 2017 será considerado como una fecha muy especial dentro de la historia de Estados Unidos; y si decimos eso, no están sólo por el cambio de Presidente, sino porque llega al poder Donald Trump, un personaje diferente a los anteriores, que rompió todas las reglas del juego al criticar a los políticos tradicionales y –el colmo– que fue declarado triunfador a pesar de que su oponente Hillary Clinton obtuvo más votos populares.



Ahora bien, en cuanto a si Trump será mejor o peor, ya tendremos tiempo de analizar cómo es su gobierno y, por lo tanto, cuál será el rumbo que seguirán no solamente Estados Unidos, sino el mundo entero.

En esta ocasión deseamos hablar acerca de cómo fue el gobierno de un Barack Obama, quien, a partir de las elecciones del pasado 8 de noviembre, entró en decadencia para convertirse en un devaluado presidente en funciones.

Es muy importante aclarar que en torno a Obama se tejieron una serie de mitos que nada tienen que ver con la realidad.

Una serie de mitos que lo presentan como un gran estadista que favoreció a los más necesitados, siendo que, en realidad, no sólo fracasaron la mayoría de sus planes de gobierno, sino que acabó perjudicando a quienes más confiaban en él.

El más importante de los mitos dedicados a ensalzar a Obama es el llamado “Obamacare”, una reforma sanitaria que –según sus apologistas– resolvió todos los problemas sanitarios que existían en el país.

La reforma de salud –piedra angular de la Presidencia de Obama– partió de la base de que, en 2008, año en que ganó las elecciones, 45 millones de estadounidenses (15 por ciento de la población) no contaban con cobertura de salud, en un país donde resulta caro atenderse.

Fue por ello que Obama obligó a que las empresas que tuvieran más de 50 empleados ofrecieran coberturas de salud, así como el que los hijos menores de 26 años pudieran disfrutar del plan de salud de sus padres.

Esto resultó un rotundo fracaso puesto que apenas se logró la inscripción de seis millones de personas. Debido a su obligatoriedad, el precio de los seguros médicos se incrementó en más del cien por ciento y –consecuencia de todo ello– fue que AETNA, una de las mayores empresas de seguros del país, anunciase en agosto de 2016 que, debido a las pérdidas millonarias, se saldría del “Obamacare” en 11 de los 15 estados en los que operaba.

Ante todo lo anterior, a nadie le extrañó que, en las elecciones de medio periodo –celebradas en noviembre de 2014– el Partido Demócrata acabase perdiendo la mayoría en ambas cámaras.

Dentro del tema sanitario, es muy importante mencionar que el “Obamacare” obligó a todos los centros sanitarios a que, dentro de la cobertura del seguro de los empleados, se regalasen abortivos. Y si acaso farmacias u hospitales se negasen, serían multadas hasta con medio millón de dólares, lo cual haría que muchos quebrasen.

Esta última medida afectó a numerosos hospitales y farmacias propiedad de la Iglesia Católica, con lo cual se les colocaba en una disyuntiva fatal: O favorecían el aborto o se iban a la quiebra.

Como era de esperarse, esto provocó las protestas del Episcopado estadounidense, destacando James Conley, obispo de Lincoln (Nebraska), quien desafió abiertamente a Obama, al decir que los obispos afrontarían las consecuencias por desobedecer el mandato.

Por su parte, Daniel Jenkyy, obispo de Peoria (Illinois), comparó a Obama con Hitler y Stalin, asegurando que dicha ley sanitaria tiene a los obispos de aquel país viviendo bajo un clima de Cristiada.

Otro mito en favor de Obama y con el que se pretendía favorecer a Hillary, es que los demócratas apoyan a los migrantes latinos que llegan al país.

Rotunda falsedad, puesto que para nadie es un secreto que Obama ha sido el principal deportador en toda la historia de Estados Unidos, ya que alcanzó la impresionante cifra de dos y medio millones de personas, o sea, un 23 por ciento más que su antecesor George W. Bush.

Una tercera parte de esos deportados hablaba inglés, el 80 por ciento tenía empleo fijo en Estados Unidos, el 18 por ciento consideraba a ese país como su lugar de residencia, el 20 por ciento tenía seis años o más viviendo ahí y –lo más trágico– el 77 por ciento fue devuelto a México sin su familia.

Hillary era vista como una prolongación de Obama. Fue por eso que a muy pocos les extrañó su derrota.

Es tal la impopularidad del nefasto Obama que muchos acabaron perdiéndole el respeto, como sería el caso de Pamela Ramsey, directora de un grupo inmobiliario en Virginia, quien, a los pocos días de las elecciones, le envió a la alcaldesa de Clay el siguiente mensaje:

“Será una grata novedad tener en la Casa Blanca una primera dama con estilo, belleza y dignidad. Estoy cansada de ver una mona en tacones”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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