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Constitución CDMX: ¿A qué le tiramos?

La Constitución de la Ciudad de México que está a punto de aprobarse está llena de asuntos no-representativos de los deseos de la población que vive en la ciudad en la que deberá regir.



Nuevamente los políticos hacen de las suyas, toman como bandera ideologías llamadas ‘progresistas’ y se proclaman abanderados de todos quienes vivimos en esta gran ciudad, pero sin encuestar ni tomar en cuenta lo que realmente piensa, siente y vive la población, lo que desean para sus familias y para su país.

A menos de 30 días para que termine el plazo que tienen los diputados para elaborar una Carta Magna de la Ciudad de México convertida en entidad federal desde el 2016, una vez más se da paso a la cultura de la muerte, ya que ahora el derecho a la eutanasia se ha impuesto en la Asamblea Constituyente con más del 60 por ciento de los votos.

Enfermedades que provocan discapacidad y lesiones, incluyendo aquellas que tienen un diagnóstico terminal son realmente trágicas. Sin embargo, no existe aquello de que haya alguna vida que no sea digna de vivirse. Cada vida es una promesa, aun la del desvalido por discapacidad del desarrollo, por lesión, enfermedad o ancianidad. Cada vida humana posee inherente dignidad y es absolutamente inmoral suprimir deliberadamente la vida de una persona (eutanasia) o asistirla para terminar con su vida.

Mientras que existen aparatos especiales para el sustento de vida, tales como asistencia respiratoria y funcionamiento del corazón y pueden ser retirados en un momento dado para una persona con gravedad extrema, esto sólo puede ser posible en el caso de que dicha persona haya expresado ese deseo en algún momento previo; sin embargo, su nutrición e hidratación deben ser normales y necesarias y no sólo medios extraordinarios de sostén de vida.

Por otra parte, habría que diferenciar entre sostenimiento vital y discapacidad severa en lo que se considera una enfermedad terminal.

La verdadera compasión significa encontrar medios para otorgar alivio al sufrimiento y proveer de cuidados a cada persona, sosteniéndole su vida y su dignidad hasta donde sea posible.

El texto votado en la Asamblea Constituyente promete erigirse como uno de los más ‘progresistas’ de América Latina y con su aprobación final será la primera vez que se eleve este derecho al rango constitucional.

El artículo aprobado por los constituyentes sostiene: “Este derecho fundamental, el de la determinación y el libre desarrollo de una personalidad, deberá posibilitar que todas las personas puedan ejercer plenamente sus capacidades para vivir con dignidad. La vida digna contiene implícitamente el derecho a una muerte digna”. Por supuesto, el significado de la expresión “muerte digna” significa abrir la posibilidad de la eutanasia a nivel constitucional.

La Constitución propuesta para la Ciudad de México está plagada de referencias a derechos sexuales y reproductivos, referencias explícitas al aborto, a derechos LGBTTTI y derechos para “tipos diferentes de familias”.

Todo esto se suma a la reciente propuesta del Presidente Enrique Peña llamada “Iniciativa por la Diversidad Sexual” que incluiría total reconocimiento de derechos a personas LGBTTTI, así como programas de la muy peligrosa “educación sexual integral o educación integral de la sexualidad”.  Aunque esta propuesta presidencial aún no ha sido aprobada, la Ciudad se erige como bastión de los derechos de lesbianas, gay, homosexuales y transgénero en toda la República y en el Continente Americano, ya que fue la primera capital de América en reconocer legalmente el matrimonio de personas del mismo sexo en el 2009, además de ser pionera en permitir legalmente la “interrupción libre del embarazo”.

El reconocimiento de una “muerte digna” en su artículo 11, de ser finalmente ratificada la Carta Magna y aprobada después la legislación reglamentaria para la eutanasia (qué tipo de casos y con qué tipo de salvaguardas), podría extenderse a toda la República.

El constitucionalista Diego Valadés explica cómo: “De acuerdo con la Constitución Federal, el artículo 1º reconoce la progresividad y universalidad de los derechos fundamentales. Esto quiere decir que los derechos que se adquieren en un lugar del país, se consideran como referentes al resto de los Estados”.

Debemos estar conscientes de que este nuevo instrumento legal muy posiblemente desaprobado por la mayoría de la población, tiene un contenido que difunde la cultura de la muerte y la introducción de ‘nuevas’ familias e ideologías llamadas progresistas que atentan contra el bienestar de una educación sana para los niños y niñas y para el futuro de este país.

Las amenazas contra la vida incluyen tanto la eutanasia, como el aborto y nuevas formas de biotecnología; pero ni el avance científico ni el deseo de ayuda justifica el sacrificio de la vida de ningún ser humano o de su inherente dignidad, trátese de la destrucción de un ser vivo en la primera etapa de su vida en el vientre de su madre, o de un lesionado, discapacitado o enfermo grave en la última etapa de su existencia. Cada ser humano nacido o previo a nacer merece igual protección de la ley.

En los derechos a incluirse en la nueva Constitución se mencionan los “sexuales y reproductivos”, sinónimo de aborto, que atenta directamente contra la santidad de la vida humana. Un embarazo no debe ser simplemente ‘terminado’ o eliminado como si fuese algo problemático e impersonal y no ocurre sin consecuencias emocionales y físicas para la madre.

Un infante dentro del seno de la madre indiscutiblemente es un ser humano completo y en desarrollo que siente, y cada vez que una madre decide por sí misma o por presión de su pareja, esposo o de sus familiares o de la sociedad, matar a ese ser humano que lleva dentro, esto se convierte en una verdadera tragedia. El aborto daña mortalmente al hijo y también daña a la madre, además de que priva a la sociedad de un nuevo ser humano que aún no nace.

La educación de un ser humano en su niñez es responsabilidad de su padre y de su madre, no de la comunidad y mucho menos del gobierno. El respeto de los padres proviene del entendimiento de que la familia es la unidad básica de la sociedad.

Para tener una sociedad sana, las familias deben ser fuertes, y para que éstas lo sean, otras células sociales deben de respetar su independencia, incluyendo el medio escolar, el gobierno y sus leyes, sean éstas ya establecidas o por aprobarse.

Referencia: http://yoinfluyo.com/columnas/229-norma-mendoza-alexandry/17744-una-sociedad-lejos-de-dios

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