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La risa de Duarte

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Cuando Javier Duarte fue detenido por la Interpol, mis adorables lectoras y amables lectores compartieron con el escribano varias consideraciones. La primera: ¿De qué y por qué la sonrisa socarrona y ladina? Puede ser –explicaciones razonables– el nerviosismo de quien durante muchos días vivió a todo lujo, pero “a salto de mata”, mirando sobre el hombro, cuidándose que nadie lo siguiera y sospechando de todos. Eso son muchos días sin poder dormir, por lo menos, a gusto.


México; la risa de Duarte


La otra, propiciar una imagen de seguridad, tranquilidad y mesura, teniendo “todo bajo control” y expresando, a través de una sonrisa burlona, la condición inferior de aquellos quienes se atrevieron a ponerle la mano encima a un hombre todopoderoso que compró y tuvo a sus pies un imperio en Veracruz.

A este amanuense le indica igualmente una expresión similar mediante la sonrisa, como la que en su momento tuvo “la Barbie” –el destacado narcotraficante– al momento de ser aprehendido, o las expresiones de escarnio de “la Tuta” –el otro narcotraficante– al ser entrevistado y fotografiado para el diario “El País”.

Como sea

Sea como fuere, los casos de Tomás Yarrington y Javier Duarte presentan una transversalidad interesante.

En ambas situaciones hay coincidencias curiosas. De inicio, después de mucho tiempo en que el propio sistema se auto-protegió con indagatorias superficiales y “deslindes”, verbo usualmente empleado por los liderazgos priistas como para indicar el repudio por los corruptos, en fechas evidentemente electorales y con niveles de popularidad de un dígito, el golpe mediático surge de forma inusitada.

Para algunos, abonará al acto de contrición que hace el partido en el poder, como indicando que busca la aprobación ciudadana para un “borrón y cuenta nueva”; que se trata “del nuevo PRI”, de una institución política en donde, a decir de su dirigente nacional, el 99 por ciento de los priistas son honestos; y con el peregrino afán de justificar lo que haya que hacer, trampas incluidas, para el éxito electoral en el lugar de nacimiento del presidente mexicano.

No pocos analistas y comentócratas se refieren a las detenciones como montajes mediáticos con claros propósitos electorales para este año. ¿Es factible? Sin duda. No sería el primer caso. Mis hermosas lectoras y gentiles lectores recordarán el caso de “El Chapo” Guzmán. Cuando el capo se escapa por segunda vez, los titulares de las dependencias circularon del silencio a los escuetos comunicados de prensa. Cuando Guzmán Loera fue reaprehendido, se hicieron programas especiales, documentales, loas, incienso, confeti y alabanzas. Como destaca el senador Juan Carlos Romero Hicks, ¿Los casos Duarte y Yarrington serán motivo para aplaudir?

Dudoso

Es dudoso, porque mientras que a uno de los sujetos a proceso en Estados Unidos merece dos cadenas perpetuas, en México sólo son 20 años, con posibilidad de salir mucho antes por “buen comportamiento”.

Evidentemente, la pregunta que nadie ha respondido aún es: ¿Qué es lo que la autoridad competente va a determinar, para que ambos señores regresen todo lo que se llevaron?

Es que la expulsión del PRI, de verdad, resulta poco atractiva, mediáticamente ineficaz y popularmente insostenible.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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