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La dirección del disenso en la democracia

En el fondo de la democracia

Con gran tino, Carlos Castillo Peraza sostenía que, en el fondo de la democracia está la palabra, el diálogo y el encuentro con un ensayo extraordinario que tituló “Disiento”, es decir, con el arte de no estar de acuerdo y ser capaces de ir en el mismo sentido. Algunos dirían, la riqueza de la unidad en la pluralidad. Esto es clave.



Sin embargo, el disenso para que sea fructífero en un modelo democrático, evidentemente, requiere sujetarse a la ética, al apego a la verdad y el respeto a la norma. Lo contrario se convierte en una verborrea discursiva que los mexicanos denominamos “grilla”, evocando al sonido que emiten tales insectos y que eventualmente llega a ser molesto para muchas personas. Y esto es lo más alejado de la Política, con mayúscula.

Por eso

Gracias a las gentilezas de mis inmerecidos lectores y extraordinarias lectoras, llegaron a la mesa de trabajo del escribano, varios textos que dieron origen a estas líneas. En principio, la generosidad y sesudas reflexiones del Maestro Antonio Maza Pereda, aportó dos luces fundamentales. La primera, en su entrega “El desencanto con la democracia” que se explica per sé, y la recientemente publicada por Yo Influyo, “A quién le creemos”.

El centro de ambas reflexiones se ubica en el tema de la política, la democracia y la verdad. Antonio Maza sostiene una “perogrullada”: Si nosotros los ciudadanos no nos educamos para la verdad, no amamos la verdad, si no asumimos sus consecuencias, es muy difícil que la política cambie por sí sola. Y cita a Churchill: “La verdad es tan valiosa, que hay que protegerla con guardaespaldas de mentiras”.

El planteamiento es de fondo, porque en nombre del disenso, el ejercicio de no estar de acuerdo, no puede sostenerse en un catálogo de mentiras, mitos y engañifas que maquillan la realidad. La mal llamada “estrategia” de mentir en política, siempre es una pésima consejera. Veamos: bajará la gasolina, la luz y el gas; la crisis está en la mente de la gente; no tenemos problemas en recibir a 400 mil dreamers, aunque la UNAM y el IPN digan lo contrario. No hay acuerdos “en lo oscurito” con la CNTE; con TLCAN o sin él, saldremos adelante. El 99 por ciento de los priistas es honesto. Y las perlas del mesías tropical: cada estudiante rechazado de las universidades, recibirá 4,500 pesos como beca, se venderá el avión presidencial, etc, etc.

Estamos tan acostumbrados en Latinoamérica –y particularmente en México- a que los políticos mientan y disfracen las cosas que, Maza Pereda válidamente se pregunta si sería posible gobernar, comunicar y propiciar gobernabilidad, sin decir mentiras.

Gestación de mito en política

Cuando alguien habla con verdad, usualmente –en esta llamada época de la “postverdad”, con lo que el tema quiera significar- los constructores de mitos y los artistas del make up político, se rasgan la ropa porque alguien se atreve a disentir. Juan Miguel Zunzunegui, González Ortega y José Antonio Crespo lo desmenuzan de forma sensacional al bordar los mitos de la historia y el santoral priísta.

Hace algunas lunas, José Antonio Sánchez, presidente de RTVE escandalizó a los fariseos come curas al mojo de ajo, cuando aseguró que el papel de España en el nuevo mundo, fue de una tarea “evangelizadora y civilizadora (…) nunca fue colonizadora”

¿Democracia sin disenso?

Sin embargo, independientemente de los fundamentalismos ideológicos, mi querida María amparo Casar (“Para eso estamos”, Excélsior 5 de abril 2017) lanza una segunda perogrullada, no hay disenso sin la participación de la sociedad, a pesar y por encima del corporativismo estatal, la cooptación de algunos medios, y la negativa al debate.

Desde luego, la crítica, la mejor, debe acompañarse con propuestas. Por eso las organizaciones intermedias de la sociedad resultan vitales para que las cosas cambien. La mejor expresión de la tiranía se da en la anulación de las ONG’s. Véase Cuba, Venezuela, Bolivia, como modelo de esto.

Como dice la Dra. Casar, las críticas siempre resultarán incómodas para quienes ejercen el poder, y al régimen le ayudan a tener contrapesos y desarrollar su capacidad de escucha al ciudadano. Cierto. Aún falta concretar muchas cosas, pero en total ejercicio de gobernanza democrática, los ciudadanos jugamos un rol determinante. Solo los tiranos impiden que la sociedad se exprese. Los ejemplos son muchos.

@yoinfluyo

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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