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Nicolás Maduro: cuando la estupidez lo rebase

Soliloquio

Este escribano leía el material que uno de nuestros venerables lectores nos envió, acabado de salir del horno de la Agencia France-Presse, y reproducido por el Nuevo Herald el pasado 12 de marzo.


México; Nicolás Maduro


Es evidente que don Nicolás “má, duro”… “má, torpe”… “má, traidor” y “má, bandido” lo perdimos desde hace ya mucho tiempo. Entre las loqueras como emperador, la soberbia de todos los dictadorzuelos, la idiotez de quienes culpan a los externos de todo lo que pasa en casa, y el tácito reconocimiento de la propia incompetencia, su neurosis los encamina a culpar a todo y a todos para aliviar en algo los niveles de ansiedad que les produce el hecho de no saber dirigir, menos gobernar, y no tener la mínima idea de cómo sacar a su pueblo de la crisis que ellos mismos han provocado.

La nota de Cristian Hernández, de EFE, nos facilita el asomo a la terrible y dramática condición humanitaria que asfixia a nuestros hermanos en mi Venezuela adorada.

Ya se sabía

Originalmente, esta colaboración se llamó “N. M., cuando la estupidez lo alcance”, cabezal que cuando el efebo hijo del escribano leyó, dejó escapar una sonora trompetilla. –Padre mío, aseguró el chaval, ese título está equivocado.  La estupidez ya lo alcanzó. ¿No ves todas las idioteces que está haciendo?

Tienes razón, respondí contrito. Le cambiaré la cabeza, porque la estupidez, lo está rebasando ahora. Con toda puntería, aunque la frase se atribuye a Cicerón, la verdad es que aparece –completa– en el Eclesiastés (Ec. 1-15) y en esta oportunidad se aplica a cabalidad: stultorum infinitus est numerus. Esto es: El número de los estúpidos (o necios, como el lector desee denominarlos) es infinito.

No ha bastado

Para el dictadorcillo bananero no ha bastado con sumir en la pobreza, la mediocridad y la ignorancia a cientos de miles –¿ahora millones? – de nuestros hermanos.

No le ha sido suficiente el incremento en enfermedades graves, como la malaria, porque no existen ni se abastecen medicamentos ni enseres propios para la higiene personal de hombres, mujeres y jovencitas.

La soberbia no le permite ver a Maduro y secuaces que la economía está derruida, que su nefasta y mal llamada “administración” deja una secuela en ese querido país con inflación que superará el 1,600 por ciento, según previsiones de los expertos.

La comida está en las bolsas de basura

Más allá del dramatismo presentado por algunas televisoras, lastima el alma ver cómo muchas personas escarban en las bolsas de basura para encontrar algo comestible. No importa si el precio a pagar después, será una disentería o infecciones gastrointestinales más graves.

Ya no hay pan. No se puede conseguir fácilmente. Salir a la tienda de la esquina y surtir algunos panes, es para los venezolanos un sueño imposible, sólo alcanzable si son miembros de las camarillas cercanas al dictador.

Lo que hoy es conocido con el nombre de “la guerra del pan”, como todas las medidas torpes del actual gobierno venezolano, se atribuyen a fuerzas externas al país y ajenas a la sociedad. Esta ocasión, la culpa es de “un complot de los productores de pan”, porque esos “malvados” desean que la gente culpe al presidente.

Por eso, ante la falta de argumentos, Maduro responde con la amenaza en televisión nacional: “La van a pagar, yo se los juro. Los responsables de la guerra del pan la van a pagar y después no vayan a decir que es una persecución política”.

Mientras que Tareck El Aissami sigue cobrando como vicepresidente, del erario público, a pesar de todas las acusaciones y señalamientos en su contra, la espada de Damocles fue puesta en el cuello de los productores y comercializadores de pan. Habrá detenciones. Las panaderías serán expropiadas y entregadas a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción a fin de que estos organismos rémora del socialismo maduriniano distribuyan pan a “bajo precio”, con cualquier cosa que esto quiera significar.

Estatismo y megalomanía: un explosivo social

La amenaza es calculada. Si hay alguna panadería que no cumpla las órdenes del dictador, será “ocupada por el gobierno” y las CLAP las pondrán “a producir”. Se reitera en la televisión oficial, caerá sobre los “especuladores” todo el peso de la ley. El único problema es que no hay harina de trigo.

El de Maduro, es el viejo juego de un sofisma tramposo: ¿Qué se necesita para apagar una vela?... El dictador reclama y pontifica: “Que esté prendida”.

Es estúpido, ¿no?

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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