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Verdades a medias, mentiras completas

Yo te aseguro que yo no fui

Dentro del folclor político mexicano se acostumbra –desde que el sistema político fue diseñado por Plutarco Elías Calles– una liturgia liberal que se cumple con puntual docilidad. Radica en manejar un estilo de comunicación en donde se jura y se pontifica, se profetiza y se echan a andar los pitonisos al servicio de las autoridades, igual que lo hacen Maduro, Evo, Dilma o Cristina. Antes lo hacía también Fidel.



Por supuesto, los mensajes son sesgados, o bien, bastante retorcidos; las falsedades se maquillan, los términos equívocos o de plano falsos son sustituidos por eufemismos que no golpean tan fuerte el oído del gran público.

Y a manera de envoltorio, cuando se trata de catecúmenos del sistema cuya falta de experiencia, conducción y presencia política ante los medios es evidente y lúdica, entonces se recurre al viejísimo truco de culpar a las autoridades de oposición al mandatario actual. No falla.

O sea, ¿no?

Podría, sin duda, generarse una enciclopedia con cada una de las propuestas, declaraciones y decires. Van algunos ejemplos:

El actual encargado del priismo nacional, Enrique Ochoa Reza, jura y perjura que el 99 por ciento de sus militantes son honestos. Se desconoce aún si eso fue un deseo de Navidad muy adelantado al 2018 o una quimera.

Recientemente, en toda la zona del Bajío mexicano –muy sentido en el Estado de Guanajuato– hubo un desabasto brutal de gasolina. Algunas personas hicieron filas por cuatro horas, para que estando a unos metros de la estación de gasolina, uno de los despachadores informara a todos los “esperantes”: “Señores, ya se acabó la gasolina”. Como era consabido, no faltó quien culpara a Trump, a ISIS y a la OPEP, a los chacras del Director de PEMEX o a la falta de alineación apropiada entre Júpiter y Saturno.

La deducción ciudadana –ya acostumbrada a las triquiñuelas– fue que, como ya se había anunciado el aumento a los hidrocarburos, “los malvados concesionarios” escondían la gasolina y el diésel para luego vender más caro. (SIC) Luego se diría que el cierre en varias refinerías, problemas de producción, falta de mantenimiento, y un largo etcétera.

Sólo unas cuantas voces se levantaron para dar a conocer un secreto a voces: PEMEX está quebrada y la multi-cachondeada reforma energética dista mucho de todo aquel barullo que se le quiso vender a los mexicanos.

Con Donald Trump sucedió algo parecido. Muchos medios, muchos comunicadores, no pocos comentócratas y uno que otro analista, sostenían “a pie juntillas” que triunfaría Hillary Clinton. Las conclusiones ponían en olor de santidad a la ex secretaria de Estado, y el lanzamiento de lodo al candidato republicano se hizo costumbre informativa.

Ganó Trump y la temblorina invadió a los lanzadores profesionales de lodos. Evidentemente, no faltó quien subrayó la importancia de “formar equipos de trabajo”, integrar mesa de diálogo; propiciar una especie de sindicato de cónsules en Estados Unidos para ser claros: “México no pagaría el muro”. Como si “el muro” fuese la parte más relevante.

Los funcionarios especializados insistieron en que México y la economía nacional estaban bien preparados para afrontar al “Huracán Trump”. No faltó tampoco quien aseguró que el republicano nos haría “lo que la atmósfera al Benemérito”. En el gobierno federal nos informaron que “ya merito estaban listos”. Sólo Juan Pablo Castañón y Gustavo de Hoyos encabezaron la movilización de verdad con algunos pares estadounidenses.

Nadie sabe, nadie supo

El asunto es que el peso volvió a depreciarse frente al dólar; las expectativas de crecimiento cayeron, Carstens mejor dejó el Banco de México; pero, como siempre, la liturgia gubernamental aseguró que “vamos bien” y que, pa’no errarle, otros están peor. Por eso fuimos a darle el pésame a Raúl Castro.

Lo curioso del tema es que la “tal preparación nacional” se concentra en lanzarle un sonoro y globalizado “Lero-Lero, Lero-Lero” a Trump y a todo su recién nombrado gabinete, porque si abandona el NAFTA y el TPP, nos vamos a casar –así, con “S” – con los chinos, aunque también los japoneses ya nos guiñaron el ojito.

La síntesis

El resumen de las verdades a medias y mentiras completas es simple: No hay mal que dure 100 años, y como otros países están peor que nosotros en la prueba PISA, eso significa que nos depara un futuro promisorio… Así, por decreto.

 

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com 


 

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