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La familia, responsable de la participación social

Consideraciones básicas

El sistema democrático, en el que vivimos, consiste en tomar en cuenta a todos los miembros de la sociedad. El principio está definido, nos toca a cada uno participar para que nos tomen en cuenta. Quien no vive activamente en su sociedad es culpable de permitir que se cometan acciones impropias o de no aportar para la mejora de su entorno.


Demolición sistemática de la familia


En la democracia se parte de la relación de los individuos –personas– con la sociedad. Sin embargo, para llegar a este proceder hay que partir de una realidad previa para entender cómo y dónde se desarrollan los individuos, y cuál es el origen de la sociedad, porque entre los individuos y la sociedad hay muy variadas sociedades intermedias.

Familia

La vida humana proviene del poder generativo de la unión de la madre y del padre. Cuando hombre y mujer son responsables, cuidan de su vida procurando la salud física y espiritual, que consisten en alimentarse saludablemente, recuperarse de cualquier enfermedad siguiendo las recomendaciones médicas, hacer el ejercicio adecuado, etcétera. Todo esto en el aspecto físico.

En el aspecto espiritual la educación tiene un papel de primordial importancia, pues capacita a la persona para alcanzar la toma de decisiones bien ponderadas en todo lo que compete a su vida y a sus relaciones con los demás. Somos corresponsables unos de los otros.

Entonces, la persona educada, con el ejercicio de su libertad, sabrá elegir sus alimentos y los medios para conservar la salud. También aplicará sus conocimientos para adquirir una profesión con la cual consiga recursos para subsistir y aportar lo que sabe para el beneficio familiar y social. La educación conduce nuestras acciones en el presente y las proyecta al futuro.

Este panorama que se espera de cada persona exige la constancia en el trato con sus progenitores –padre y madre–, y de los progenitores entre sí. De allí la necesidad de forjar familias estables. La estabilidad es una necesidad, porque el perfeccionamiento humano requiere un trato continuo cuyo fruto es el acertado conocimiento de las personas y la constancia en la adecuada aplicación de las medidas educativas. Sólo la estabilidad ofrece estas garantías.

La familia, constituida por los progenitores y los hijos, se hace más buena en la medida que pone los medios para hacer mejores a las personas y para hacer mejores las relaciones entre ellos. En esto consiste la educación familiar, en aplicar las medidas pertinentes. Y estas medidas se dosifican de distinta manera, de acuerdo al modo de ser de cada miembro de la familia.

En el trato íntimo lucen las cualidades y los defectos, por eso se prevé lo que cada persona puede llegar a aportar. Allí se detectan las capacidades de liderazgo o de dependencia, el grado de sociabilidad o de aislamiento, las tendencias a la benignidad o a la perversión. Sólo en la familia la educación es intrínsecamente personalizada, e involucra a unos respecto a los demás.

Por ejemplo, cuando se sabe que a un miembro de la familia le atrae lo ajeno, todos vigilan su comportamiento y quien descubre un acto deshonesto, con la ayuda de los demás, le hace rectificar. Este modo de proceder recurrente, obliga a rectificar, al principio este cambio será presionado, pero poco a poco la persona, con tal de no tener dificultades cambiará, hasta que finalmente actuará por convicción. Entonces ya adquirió la virtud. Así, en familia se logra forjar un ciudadano honesto en vez del corrupto que pudo ser.

En la familia se aprende a forjar la libertad, se aprende a respetar y a la vez a entender que hay desigualdad de funciones, todo ello en la dependencia de los propios padres y en la jerarquía que nace de esa dependencia. Hay un incipiente acercamiento a los principios de autoridad, de solidaridad y de subsidiaridad, propios de toda sociedad.

De hecho, la familia tiene su propia peculiaridad relacional, la mujer y el hombre vinculados en la unidad de acuerdos, y los hijos bajo los acuerdos de los progenitores. Por eso, aunque la familia es una sociedad fundamental, la igualdad de sus miembros es distinta a la igualdad de los miembros de la sociedad. De hecho, se dan problemas sociales cuando no se toman en cuenta estos matices de la igualdad.

“La familia –dice Cicerón– es el principio de la ciudad, y de alguna forma la semilla de la res-pública. La familia se divide, aunque permaneciendo unida; los hermanos, así como sus hijos y nietos, no pudiendo abrigarse todos en la casa paterna, salen para fundar nuevas casas, como nuevas colonias. Ellos forman alianzas, de donde surgen nuevas afinidades y el crecimiento de la familia. Las casas se multiplican poco a poco, todo crece, todo se desarrolla, y nace la res-pública.” (República, libro I, 7).

Sociedad

Como vemos, la sociedad es la suma de las familias que se van multiplicando, por eso, la familia es la célula básica de la sociedad. Y la sociedad tiene su propia fisonomía como resultado del sello que cada familia hereda a sus miembros. Los ciudadanos tienen una red de relaciones, las primeras se dan en la familia, las siguientes en la sociedad, mediante sociedades intermedias, a éstas la sociedad civil ha de cuidarlas para su buena marcha.

La familia capacita para la vida extra familiar, en ella están como semillas la autoridad, la jerarquía y la unión, leyes indispensables de toda sociedad que quiera perdurar. La autoridad de los progenitores en la familia capacita para aceptar la autoridad en el gobierno de la sociedad. La jerarquía de los progenitores ubica en su papel correspondiente –subalterno o de gobierno- en la sociedad. Las bondades de la unión entre esposa y esposo llevan a comprender la unión entre los ciudadanos para el logro de los fines de la sociedad.

Sociedades intermedias: empresa…

Así hemos asistido en nuestro país a una demolición sistemática de la familia en nombre de las libertades individuales. La legalización del divorcio, la equiparación de los hijos naturales con los generados dentro del matrimonio, la multiforme propaganda de todo tipo de anticonceptivos y de una libertad sexual no lejana del libertinaje, está llevando a nuestra patria a una disociación de su unidad.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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